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Mi odiosa hermanastra (Parte 3)
Fecha: 03/01/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... Me puse muy cerquita de ella y me senté en cuclillas. Florencia ahogaba las exhalaciones en la almohada. Parecía dormir profundamente. Parecía que nada podría despertarla en ese momento. "... Sé que no te aprovecharías..." Estiré la mano. Toqué el elástico de la tanga. Florencia seguía inmóvil. Observé la curva que hacia su espalda y terminaba en los hombros musculosos. Del lado derecho tenía un tatuaje. La cintura era increíblemente fina y las caderas anchas le daban ese rico aspecto "cimbreante". Moví la mano despacito, fui bajando. Rocé las nalgas. Eran suaves y duras. La erección volvió con todo. Al toque ya estaba recontra al palo. "si yo la viera así, me la cogería ahí nomás" Subí y bajé la mano encima del culo de Florencia. Se sentía demasiado bien. De repente me dieron unas tremendas ganas de besarlo. "... Sé que no te aprovecharías..." Acerqué mis labios y los apoyé en uno de los glúteos, con cautela, sin exagerar. Pero se sentía muy rico, así que tenía que seguir haciéndolo. Le besé el culo de nuevo, y de nuevo. Y cada vez con más intensidad. Al final lo lamí, dejando una marca húmeda en su trasero. Estaba a la expectativa de que Florencia hiciera algún ruido. No tenía que asustarme si lo hacía. Ya sabía que era común que se mueva de acá para allá estando dormida. De hecho, resultaba extraño que estuviese en esa posición, tan quieta. Metí la mano adentro del calzoncillo y empecé a pajearme a centímetros de mi hermanastra, sin quitar los ojos de su ...
... tremendo orto.. Y entonces ella habló. -Sos un boludo -dijo. Giró su rostro y me miró. Mis manos estaban aún adentro del bóxer. Rio y yo me sentí patético. La situación era irremontable. Florencia se mordió el labio inferior como diciendo "qué salame". No parecía enojada, pero eso no mejoraba en nada mi situación. Lo más probable era que me gastara toda la vida con esa situación. Pero entonces sucedió lo más extraño de esa noche. Florencia agarró la parte trasera de su tanga, la sacó de entre sus nalgas y la corrió a un costado. Abrió más sus piernas. Su sexo quedó a la vista. Una hermosa argolla rosada que se abría frente a mis ojos. -Dale, cogeme de una vez -dijo. Apoyó la cabeza en la almohada, quedando boca abajo, como si siguiera durmiendo. Me quité el bóxer apenas entendiendo lo que pasaba. Mi pija estaba más caliente que nunca. Me arrodillé en su colchón, Apoyé las manos en sus glúteos. Los masajeé. Eran tan increíbles como parecían serlo. Me hubiese quedado toda la noche manoseando ese orto perfecto. Pero la conchita húmeda de mi hermanastra atraía como imán a mi verga. Me acomodé, apunté, y se la metí. -Despacito -dijo, aunque yo apenas se la había metido-. La tenés muy grande. Se la metí más adentro, con delicadeza. La cabeza avanzó hasta ser succionada por ese hueco cálido y húmedo. Florencia gimió como gata en celo. Penetré más. Las paredes vaginales apretaban mi verga. Pero el sexo parecía estar lubricado con sus fluidos, así que igual ...