1. Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (19)


    Fecha: 05/01/2022, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos

    ... dentro de unos años, pero la presión de mis padres, pues… hizo que sucediera. Al final tu padre ya era “mayor”, entiende mayor en esos años. Por lo que al final nos casamos, pero cuando naciste tú… fue una bendición, y luego tu hermana, claro. Cuando te cogí en brazos por primera vez, supe que no tendría que haber dudado en ningún momento, elegí el camino correcto.
    
    —Me alegro, de esa forma existo yo. —ambos sonrieron— Mamá, lo que te he dicho antes de ayudarte a que estés feliz, lo digo muy en serio, no tomes mis palabras en saco roto. Cualquier día si quieres hacer algo o tienes un plan en mente, no tienes más que decírmelo.
    
    —Es que hijo… tampoco es que me apetezca mucho. Con tu padre siempre intentaba salir y hacer algo. Pero ahora con toda la semana trabajando es normal que no quiera… está cansado… entiendo perfectamente que quiera descansar…
    
    —No, Mari, hay que forzarse un poco, ya descansará después. El fin de semana lo pasa en el sofá, o sea que descansa lo suficiente.
    
    No pretendía hacer reír a su madre, pero una leve sonrisa se formó en su rostro, tuvo que tapársela para que su hijo no viera que se reía de su marido.
    
    —No sé… aunque no te quito la razón, todavía somos jóvenes. Si no hacemos las cosas ahora… ¿Qué las vamos a hacer con sesenta?
    
    —Podemos hacer un poco presión de grupo. Mira, tú le dices algo en la sala cuando estemos todos, y entre los dos… y si se anima Laura… si no está con sus cosas de preadolescente. —su madre le intentó hacer un ...
    ... gesto de enojo, aunque… ¿Para qué? No mentía— Hacemos que papá y tú valláis por ahí, ¿bien?
    
    Su madre le miraba fijamente, en verdad, ¿Cuándo se había convertido su hijo en ese chico… hombre, tan bueno y sensato? Movió su mano hasta el rostro de Sergio. Los dedos secos y calientes debido a los rayos del sol acariciaron la tersa piel de su hijo, quitando alguna gota de agua que aún resistía el calor.
    
    —De verdad, eres un buen hijo… —dijo en un tono muy bajo—, me cuesta mucho decirte esto, creo que lo sabes, pero… —aspiró con fuera y soltó casi sin voz— te quiero mucho.
    
    —Y yo. Qué raro me suena que me lo digas, mamá, no estoy acostumbrado.
    
    —Te tendrás que acostumbrar… debo cambiar, por ti, por mí, por tu hermana… por todos.
    
    Sergio se quedó pensando en lo bien que le sentaban esas palabras salidas de la boca de su progenitora, le llenaban el cuerpo y hacían que una mueca de felicidad le pintara el rostro.
    
    El interior de Mari gritaba de alegría, se sentía dichosa al decirle todo lo que amaba a su hijo, entonces ¿por qué le costaba tanto algo tan sencillo? No lo sabía. Sin embargo, el esfuerzo de soltar esas tres palabras le había dejado un buen sabor de boca y una sonrisa que no se le iba del rostro.
    
    Siguieron secándose al sol en silencio, hasta que comprobaron que no había ni una gota de agua en sus cuerpos. Casi a la vez, vieron buen momento de “levantar el campamento” y volver al pueblo siguiendo con el plan que la mujer había elaborado.
    
    En camino de vuelta ...
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