1. Dos cuñadas y un destino


    Fecha: 07/01/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Rosa, era gallega, tenía 28 años, era rubia, de ojos verdes, alta, tenía unas tetazas, un culazo, tenía un cuerpo de escándalo. Estaba casada con Augusto, un médico cántabro que la trataba como al culo. Era infeliz en su vida de cuento, más en ese cuento de mal follada iba a aparecer la puta hada madrina. Olga, que era hermana de Augusto, y el libertino, Ángel, el padre de Augusto, un hombre viudo, cuarentón, apuesto y con más marcha que un adolescente.
    
    Olga tenía 20 años, era morena, soltera, y con todo muy bien puesto. Había estado estudiando en Londres.
    
    Todo empezó una mañana, Rosa, en bata de casa, estaba tomado un café con pastas con Olga en el salón del pazo Augusto. Olga se sentaba en un sillón enfrente de ella luciendo una minifalda en la que se veían sus bragas blancas, le preguntó Olga a Rosa:
    
    -¿Después de once meses de casada no te llegó el tedio a la cama?
    
    Rosa, no sabía mentir.
    
    -¡No! Adoro a tu hermano y adoro todo lo que me hace.
    
    -No mientas, para aguantar a mi hermano hay que tener el coño cuadrado, y las tetas piramidales. ¿Cuántas veces te dijo que no eras más que una mantenida?
    
    Eva, mojando una pasta en el café, le dijo:
    
    -¿Y tú cómo sabes eso?
    
    Olga, tomó un sorbo de café, en un pocillo de porcelana china, y después le respondió:
    
    -Porque lo conozco- Le encanta sentirse importante. ¿Cuánto tiempo llevas sin follar?
    
    Rosa, se levantó, y con cara seria, le respondió:
    
    -Eso no es de tu incumbencia.
    
    A Rosa se le cayó el ...
    ... cinturón que sujetaba su bata azul y se le vieron las tetas redondas, que tenían areolas color carne con pequeños pezones y el coño rodeado de una bella mata de pelo negro. Se tapó, se sujetó la bata. Olga, le dijo:
    
    -Bonito cuerpo.
    
    Rosa, colorada, tartamudeó.
    
    -No, no, lo, lo…
    
    -Ya sé que no lo hiciste a propósito.
    
    -¡¿Eres una jodida adivina?!
    
    Olga se metió la mano derecha dentro de las bragas
    
    -¿Sabes guardar secretos casi inconfesables, Rosa?
    
    Rosa, se sentía incomoda viendo lo que hacía su cuñada.
    
    -Quita la mano de ahí.
    
    Olga quitó la mano, chupó dos dedos y volvió a llevar la mano al coño.
    
    -¿Sabes guardar secretos casi inconfesables o no? Yo guardo uno tuyo que de saberlo tu marido quemaría el pazo contigo dentro.
    
    Rosa, se cabreó con su cuñada.
    
    -¡Yo no tengo nada que ocultar! ¡¿Pero a qué viene lo de tocarte delante de mí y decir la tontería que has dicho?!
    
    -Porque quiero que seamos amantes.
    
    A Rosa se le escapó una risilla nerviosa, antes de decir:
    
    -¿¡Estás borracha, Olga!?
    
    -No, pero si quieres nos emborrachamos juntas.
    
    -¡Ni de borracha me acostaría contigo!
    
    Olga, parecía darse por vencida.
    
    -Entonces será mejor que no te cuente mis secretos.
    
    Rosa, y estaba interesada.
    
    -¿Qué secretos sexuales podría tener, cuñada? ¿Follaste con el cura?
    
    Se lo soltó cómo quien dice que hace sol.
    
    -No, follé con mi padre.
    
    No le pareció extrañar mucho.
    
    -¿Y por qué querías contármelo? ¿Tienes cargo de conciencia? Si tienes cargo ...
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