1. HASTA LA CIMA - QUINTA PARTE


    Fecha: 20/01/2022, Categorías: Infidelidad Autor: maia24, Fuente: RelatosEróticos

    ... sacudía bajo la intensidad del placer. Massimo no paró de embestirme cuando escuchó mi pequeña muerte, al contrario, me penetró con más fuerza y mayor rapidez.
    
    Cuando me recuperé, dije entre jadeos:
    
    —Quiero intentar algo.
    
    Massimo paró, y sin salirse de mí se alejó lo suficiente para mirarme. No estaba sudando, pero su rostro se había ruborizado lo suficiente para mostrar agitación.
    
    —¿Qué cosa? —preguntó con una voz tan firme que me descolocó.
    
    ¡Hablaba sin jadear, sin perder el aliento! Mientras yo no era capaz de recuperar la respiración ni formar una frase sin gemir de por medio. ¿Eso significaba que Massimo no lo estaba disfrutando? La idea se convirtió en un reto.
    
    —Quiero que te sientes —dije.
    
    Massimo no se movió durante unos segundos, mirándome fijamente mientras su miembro seguía dentro de mí. Entonces se retiró y tomó asiento.
    
    Me detuve a mirarlo un segundo, a retratar a aquel hombre semi desnudo en mi mente. El cabello se le había salido de su lugar por completo, mandando al frente gran cantidad de mechones con los que Massimo no tenía intención de lidiar. La camisa blanca se abría mostrando su torso desnudo, y sus piernas desnudas dejaban resaltar un miembro enorme. Era enorme, sin duda, y sin rastro de un solo vello púbico. Jamás había visto a un hombre así, tan hermoso e irresistible.
    
    Massimo sonrió invitándome a cumplir mi deseo. Me acomodé sobre de él, sentada frente a frente sobre sus piernas. Con mi mano derecha tomé su miembro y con ...
    ... la izquierda busqué equilibrio recargándome en el asiento. Al encontrar la entrada de mi vagina saqué la mano y la coloqué sobre el hombro de Massimo, entonces me senté con cuidado, sintiendo una vez más a su miembro deslizarse dentro de mí.
    
    Me moví de adelante hacia atrás usando mis rodillas como punto de impulso, sintiendo sus testículos rosando mis glúteos. La humedad de mi sexo era sorprendente, facilitando la penetración de una forma que jamás había experimentado. Me cogí a Massimo con la necesidad de un segundo orgasmo, moviéndome con frenesí sobre de él. El vehículo estaba en movimiento, y podía ver con esa posición ver pasar a la ciudad y sus transeúntes. ¿Se darían cuenta que dos personas cogían dentro de aquella limusina? Era muy probable que no.
    
    Massimo no soltaba ni un solo gemido. Lo máximo que logré fue que dejara caer su cabeza sobre el respaldo y cerrara los ojos, abandonando su necesidad de mirarlo todo. Y de pronto me di cuenta de que se sentía tan bien el sexo en aquel momento porque no llevaba protección.
    
    —¡Massimo! —exclamé—. ¿No te has puesto un condón?
    
    Massimo no se preocupó en mirarme de nuevo.
    
    —Sigue —apremió en un susurro—. Ya casi termino.
    
    Una parte de mí agradeció que Massimo hubiese sido lo suficientemente irresponsable como para saltarse la protección, ya que el sexo jamás sería lo mismo con un pedazo de látex de por medio. El alcohol que me nublaba el juicio eligió por mí, moviendo mis caderas en una danza circular que me indujo ...
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