1. Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (11)


    Fecha: 28/01/2022, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos

    ... hacía mucho que no venía a estas horas a casa.
    
    —Que no se convierta en costumbre.
    
    El reproche de Sergio a modo de broma la hizo reírse, de manera falsa. No tenía ganas de reír, tenía ganas de gritar, de quitarse la indescriptible tensión que la ahoga sin parar. El joven se detuvo, estaban ya en la puerta de Mari y ella se lamentó de que el pasillo no tuviera unos metros más, o mejor unos kilómetros.
    
    —Aunque en el pueblo llegaste mucho más tarde —añadió Sergio en una parcial oscuridad.
    
    La figura del joven le imponía, parecía enorme enfrente de ella, si era su hijo… ¿Por qué ese sentimiento? No lo comprendía. Pero lo que si le hizo recordar la voz del muchacho, fue el pueblo y la casa de su hermana. Aquella vez que llegó tan borracha y su hijo… Sergio… la llevó a la cama viéndola en ropa interior. Además no con una lencería de mercadillo, no, si no con una preciosa que le realzaba lo que la genética le había otorgado.
    
    El calor la invadió, pudo respirar hondo al abrigo de la oscuridad sin que su hijo se diera cuenta, tenía un poderoso aliado, pero también su enemigo, la poca luz la estaba volviendo loca.
    
    —Yo… me voy a cama. —no quería conversar, quería ir a dormir, quería romper esa intimidad cuanto antes.
    
    —Vale, que descanses.
    
    Mari miró hacia atrás ya dentro de la habitación. Similar a lo que debes ver al morir, la película de tu vida, la mujer vio la de aquella tarde. Lo ilusionada que había estado al saber que iría, lo a gusto que se sintió, todas las ...
    ... risas y la felicidad extrema. Sin embargo ese calor, ese dichoso calor, que seguramente se inició al dar la mano a su hijo.
    
    El tacto de la mano aún podía sentirlo en la piel, era tan suave, tan cómodo “ojalá me tocara con sus manos” pensó súbitamente sin saber muy bien lo que hacía. El labio inferior le comenzó a temblar, se apretó con fuerza el vientre notando que un alíen le iba a salir del interior. Abrió los preciosos ojos que había heredado tanto como pudo, para que si era posible, su hijo los pudiera contemplar. Después con toda la fuerza de voluntad que disponía soltó el aire caliente que tenía en sus pulmones, similar a la chimenea en un tren y entonces dijo algo impensable.
    
    —Sergio, te amo.
    
    Cerró la puerta sin dar oportunidad a réplica, no quería escuchar la respuesta, ya sabía que su hijo también la amaba, sin embargo ¿hasta qué punto?
    
    Anduvo a pasos rápidos hasta el tocador, allí posó sus manos para apoyarse e hiperventilar como si le estuviera dando un ataque de pánico, pero… ¿No era eso? Quizá fuera peor. Se quitó la chaqueta y viendo que no le servía de nada, tiró toda su ropa a una esquina. Desnuda estaba mejor, hacia un poco de frío, no obstante no lo sentía, era un horno que manaba su propio calor.
    
    Aquellas telas la aprisionaban, la estaban asfixiando como antes lo había hecho el coche, pero ahora tirada en la cama, por encima del edredón estaba bien, algo más liberada. Sin embargo, no era suficiente, sentía que algo la estaba haciendo presión ...
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