1. Masaje de próstata


    Fecha: 05/02/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Me bajé la aplicación para celular Happn con ganas de conocer a alguien. Me divorcié hace 3 años y tengo 48. El tiempo apremia y yo soy una mujer que aún conserva la libido intacta. En la configuración de la aplicación marqué un rango de edad de 25 a 50. Tuve la aplicación activa un par de días, la verdad que no me encontré cómoda con las conversaciones que tuve. La mayoría me aburría o me parecían muy literales, con chamuyos trillados o ni hablar del que en la primera línea te escribe “¿Cogemos?”. Cuando estaba a punto de desinstalarla, me apareció la imagen de Cristian, un morocho de 26 años. “¡Tienes un crush! decía la pantalla y ahí estaba él, tan rústico, con su camiseta de River Plate posando a cámara con una sonrisa picarona. La primera impresión fue buena. Después seguí mirando sus fotos y llegué a la conclusión de que se trataba de un joven del montón, pero que se había fijado en una mujer 22 años mayor que él. Eso no era poca cosa y yo estaba agradecida. Antes de que se arrepienta, decidí tomar la iniciativa y este fue el diálogo inicial:
    
    –Hola Cristian ¿Cómo estás?
    
    –Hola mamasa –respondió sin pelos en la lengua.
    
    – ¿Todo bien? –arranqué inhibida por su “mamasa”
    
    –Hacía rato que quería pegar onda con una mujer de tu edad –se sinceró Cristian.
    
    –Qué bueno –respondí–. Me gusta que las generaciones no nos separen.
    
    –La verdad que me cogí mujeres de todas las edades pero no tan maduras como vos –dijo Cristian y mientras leía eso los pezones se me pusieron ...
    ... duros como dos pastillas.
    
    –Bueno, parece que tenés muy claro lo que querés –traté de ser maternal.
    
    –Disculpá si soy lanzado, pero voy de frente. Yo soy así –dijo Cristian y me reblandeció.
    
    No tardó en preguntarme dónde vivía. Por esas buenas casualidades de la vida vivíamos a 15 cuadras de distancia. Yo pretendía que el ritual de conquista fuese mucho más alargado, que él se tomase el trabajo de hablarme dulcemente, de pedirme el WhatsApp, de que vayamos charlando y viendo cómo nos caía el otro. Imaginé otro ritmo. Pero Cristian pasó de primera a quinta sin frenos y me propuso encontrarnos en un bar esa misma noche. Eran las siete de la tarde y él quería que nos encontremos a las diez. Le dije si podíamos encontrarnos a las once, así me daba tiempo de cambiarme. La verdad que no sabía con qué me iba a encontrar. Pero le dije que sí. El hecho de que fuese un martes de otoño también le agregaba cierta adrenalina al encuentro. La gente suele salir los viernes, los sábados. Pero las citas a contramano del mundo siempre me generaron una sensación especial, un cosquilleo en la panza, otro aroma inexplicable en el aire.
    
    Me puse mis mejores zapatos, mis mejores medibachas, una linda pollera, una blusa que me encanta y un saco arriba. En el cuello, una bufanda roja. Me sentía linda mientras iba caminando rumbo al bar que me había propuesto Cristian. Llegué un poco antes de lo pactado pero no me impacienté. Encendí un cigarrillo mientras miraba al resto de las pocas parejas ...
«1234...»