-
Masaje de próstata
Fecha: 05/02/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... que había en el bar. Casi todas coincidían en edades. Tal vez Cristian y yo sentados en una mesa llamaríamos un poco la atención. Traté de no pensar. Mientras le daba vueltas a la cabeza con esas cosas, llegó Cristian. Me reconoció porque le dije que iba a tener una bufanda roja. Me saludó un poco parco, serio. Yo amagué a darle un pequeño abrazo pero no me dejó. Tenía el ceño fruncido que le delineaba el resto de los contornos de la cara: labios gruesos, nariz trigueña, pelo cortado al ras tipo personal trainer. El mozo se acercó y nos dejó la carta. Cristian la agarró y se la puso a hojear. Estuve por decirle “Las damas primero” pero me contuve. La hojeó dos veces y mientras meneaba la cabeza, la cerró bruscamente. –Es carísimo este lugar –me dijo y recién ahí por primera vez hicimos contacto visual. – ¿Para tanto? Yo invito sino... –me atreví a decir. –Tengo unas cervezas en la heladera de mi casa y podemos pedir una pizza a un lugar buenísimo que conozco –respondió Cristian, claramente invitándome a un lugar más privado. – ¿Vas a meter a una desconocida en tu casa? –bromeé. –Ya te conocí, ya no sos desconocida –dijo con la cara seria pero yo me reí. No me quedó otra que aceptar. La noche ya estaba invertida ahí. Me había bañado, peinado, perfumado y vestido. Además no tenía pinta de secuestrador o de asesino serial. Simplemente, tenía esa cadencia hosca y ruda. Pero me daba la impresión de que alguna grieta de ternura iba a poder encontrarle a este ...
... joven de 26 años. Caminamos unas cinco cuadras y llegamos a su departamento. Subimos por escalera hasta el segundo piso. Abrió la puerta y entró él primero. Definitivamente no tenía alma de caballero. – ¿Te traigo una birra? –me dijo con su voz monótona –Me encantaría –le dije y agregué mintiendo–. Qué lindo departamento que tenés. El departamento era un monoambiente bastante caótico. Había ropa y cosas tiradas por el piso, el sillón estaba desordenado y desde donde yo estaba parada se veía la cama, también hecha un desastre. Cristian volvió con dos porrones de cerveza y recién ahí tuvo su primer gesto de amabilidad. –Salud –dijo Cristian y chocó mi botellita de Quilmes. No pretendía que me diera de tomar una cerveza importada a esa altura del partido. Nos sentamos en el sillón y él encendió la tele. Me sentí un poco ofendida hasta que me mostró que la usaba para escuchar música. Puso un disco de Los Rolling Stones. Me agradó bastante lo que eligió. Hubo un silencio un tanto incómodo mientras él se tomaba a tragos largos la cerveza y yo miraba para todos lados y movía la cabeza al ritmo de la música. Después de vaciar la botellita, la dejó a un costado y se inclinó hacia mí: –Estás muy linda –me dijo y otra vez me reblandeció pese a su rudeza. –Vos también –le respondí con una sonrisa. Hicimos contacto visual y él avanzó hacia mí. Agarró mi cara del mentón y me clavó un beso fuerte y certero en la boca. No tardó en abrir la boca para sacar su lengua, ...