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Balseros (IV): Amigos calientes
Fecha: 07/02/2022, Categorías: Gays Autor: ThWarlock, Fuente: CuentoRelatos
Mis días se volvieron raros, una sensación de escalofrío recorría todo mi cuerpo cada vez que pensaba en lo que había hecho con Yovany. Lo veía y se me erizaba la piel; Lo miraba con deseo y al mismo tiempo con odio. Era un sentimiento inexplicable, quería estar solo pero no podía sepárame de él y cuando no lo tenía a mi lado lo deseaba con ansias, en la siguiente semana no paraba de recorrer en mi mente ese inusual encuentro que le dio un vuelco a mi vida para siempre. Me excitaba la idea de sus caricias, su delicioso cuerpo y su peso encima de mí. Su hueco caliente y estrecho, sus movimientos de cadera. Luego me consumía el reproche y la angustia de tener esos pensamientos hacia otro hombre. Yo no me atrevía a buscarlo y yo sabía que él tampoco me iba a buscar a mí. Aunque yo secretamente deseaba que volviera a seducirme. Era martes y mientras él conducía hacia la playa temprano en la mañana yo le torturaba con mis lamentos una y otra vez. -Es que no me puedo explicar cómo caí en tu trampa, soy un estúpido. Yo siempre fui un tipo macho, yo nunca tuve un desliz, yo siempre andaba con una jevita distinta. -Oye chico, no me jodas más coño que a mí no me cabe la menor duda de que eres todo un machazo, ¿y mujeriego? eso era en Cuba, tú sabes que, en este país, si no tienes carro y billete para sacarlas a fiestas eres out por regla, (sonrió con malicia), así que aprende a disfrutar la vida. Tú pensarás que no, pero hay pocos hombres que han disfrutado conmigo como lo ...
... hiciste tú esa noche. Ya, no te tortures más decía él, ya hace una semana que pasó aquello, y todavía sigues con la misma cantaleta. De verdad me estoy cansando de oír lo mismo casi todos los días. Me clavó esa mirada verde retorcida y fría y sentí pena, frustración y odio a mí mismo por el lio en que me había metido. Todo es culpa tuya le dije sin tapujos, dos lágrimas inesperadas brotaron de mis ojos. Las sequé rápidamente para que no se diera cuenta y entonces entre la confusión, alcancé a oír que me decía con voz burlona: y eso que no te partí el culo o aquella noche; Ganas no me faltaron. Sin esperarlo me entro un fuerte calor por dentro y le grité: ¡Si me lo hubieras partido ya te hubiera matado como un perro, ¡maricón! Me mordí los labios y volví a llorar. Disculpa, le dije, no quise ofenderte. Hizo ese silencio típico de su personalidad. Y acto seguido me dijo: A mí me siguen gustando las mujeres, ¿a ti no? Parqueó el carro y me pregunto con cara seria: ¿Ya se te paso la rabieta?, Si, le dije apenado, bueno entonces que sea la última vez en tu vida que me vuelvas a decir maricón ¡Porque te voy a partir la vida! e hizo un gesto agresivo con la cara y las manos. Me quedé mudo porque, aunque conocía su carácter de veras, no me esperaba esa reacción; me había sumido en el pensamiento de que los maricones son delicados llorones y amanerados; cosa que siempre aprendí con la crianza machista cubana. ¿Tienes algo más que agregar? Ya salíamos del carro. No, le dije y me ...