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Balseros (IV): Amigos calientes
Fecha: 07/02/2022, Categorías: Gays Autor: ThWarlock, Fuente: CuentoRelatos
... paré frente a él, le miré fijamente a la cara y con tono de seriedad y respeto le dije: Te prometo que voy a superar esto, voy a cambiar mi actitud ante todo lo que estoy pasando. Así me gusta... me respondió mientras miraba mi cara roja por la vergüenza, me echó un brazo encima y dijo: Mejor corremos un rato y así nos relajamos, olvídate que aquí no ha pasado nada, y echó a andar. Le seguí detrás, investigando el terreno porque para mí era un lugar desconocido. Eran caminos de uva caleta donde de vez en cuando se veía algún que otro claro con huellas de lo que parecían lugares para acampar o asar carne a la parrilla el fin de semana. Después de 25 minutos de trote ininterrumpido llegamos jadeando a un puentecito de madera y ahí hicimos un alto, ya el sol nos regalaba sus mejores rayos de la mañana y la cara de mi compañero estaba bien roja, su frente coronada de sudor y sus ojos al contacto con el sol se veían más verdes y brillantes que nunca. Su torso desnudo dejaba ver sus pezones rosados y su musculoso pecho, lleno de hermosos vellos que parecían filamentos de oro al contacto con la luz. Lucía un short de playa blanco que contrastaba perfectamente con aquella dorada piel y sus musculosas piernas, también llenas de escasos, pero dorados vellos. Entonces miré el paisaje, que, a sus espaldas, era una invitación con el agua transparente y la playa desierta. Nos salvamos del inventario, le dije, a lo que señaló él: si hubieras tenido carro propio, hubieras tenido ...
... que trabajar hoy, así, que me debes una. Nos dirigimos hasta una solitaria y apartada caseta en medio de las uvas caletas donde se podía sentir el fresco de los árboles, el canto de los pájaros y una sombra deliciosa que invitaba a recostarse. Yo sentía un cosquilleo raro por todo el cuerpo y sin dame cuenta comencé a temblar, sin dejar de mirar su cuerpo ni un solo instante; en realidad, me gustó lo que habíamos hecho aquella noche y miraba con deseo sus piernas, sus musculosos brazos, su piel imberbe en algunos lugares, recordé aquella noche loca en que nos revolcamos apasionadamente entre sus sábanas, entonces acaricié con mi morbosa mirada cada ápice de su cuerpo, reparando bien en su minúscula cintura y sus empinadas nalgas, su ombligo mostraba un hilillo de pelos que se perdía en el cordón del moderno y único atuendo que llevaba .Entonces sentí escalofríos y el corazón agitado. Se acercó a mí y me dijo: Te noto nervioso, ¿estás bien? Nos quedamos mirándonos por unos segundos con lujuria, se sentó encima de mi a horcajadas, rodeando mi cintura con sus piernas, dejando su desnudo pecho delante de mi cara a merced de mi lengua que jugueteaba con sus tetillas que, por el sudor y el aire marino, tenían un sabor salado; Sus brazos me gustaban más ahora, así sudados y medio grasientos, huelo mal, me dijo, e intentó separarse a lo que yo respondí, hueles a hombre y lo apreté contra mí para poder respirar profundamente el aroma varonil que desprendía y comenzaba extrañamente a ...