Con nuestra amiga
Fecha: 10/02/2022,
Categorías:
Infidelidad
Autor: ALECAR1991, Fuente: CuentoRelatos
Todo sucedió una bonita y cálida noche en la ciudad de Manaos, capital del Amazonas brasileño. Mi esposa y yo fuimos invitados a celebrar los 10 años de fundación de la empresa donde actualmente trabajo.
Había buena comida, variedad de bebidas y excelente compañía, mi hermosa esposa: una morena de infarto con un gran culo apretado, piernas bien contorneadas, preciosas y redondas tetas y una carita de esas, a las que es imposible decir que no a ninguna sus peticiones.
La noche transcurrió sin contratiempos, hasta que mi suegra nos telefoneó para alertar que no se sentía bien y decidimos trasladarnos hasta allá.
Llegamos pasadas las 2:00 de la madrugada y yo estaba realmente incómodo, nunca me la he llevado bien con mi suegra, así que convencí a mi esposa para irme a casa mientras ella pasaba la noche con su madre.
Nuestro apartamento es pequeño, dos habitaciones, un baño y una sala de estar. Actualmente, una amiga de mi esposa se está quedando con nosotros, debido a que está pasando por una situación económica difícil.
La amiga es una mujer igual de guapa que mi esposa, siempre que puedo le echo un ojo rápidamente y me deleito con lo buena que está: rubia, buen culo, grandes tetas, rostro bonito, y unos labios carnosos.
Pues esa madrugada, después de librarme de mi suegra, llegué a mi hogar aun estando bajo los efectos del alcohol de aquella fiesta del trabajo y olvidé por completo que la casa no estaba sola.
Al entrar al cuarto, me desnudé de la cintura ...
... para abajo y sin encender luz me metí debajo de las sábanas de mi cama, sólo para pegarme un susto de muerte, había alguien más allí y corrí despavorido a prender la luz.
Era Andreina, nuestra amiga! Estábamos los dos asustados viéndonos fijamente, yo con las bolas al aire y ella con una diminuta blusa que dejaba notar sus puntiagudos pezones y una pequeñísima tanga. Al caer en cuenta, ambos nos cubrimos rápidamente como pudimos.
Después de semejante susto que nos pegamos nos dimos cuenta de la cómica y peculiar situación. No pude evitar ponerme duro casi al instante y alcancé a notar que ella me echó un ojo descaradamente, tornando la situación altamente excitante.
Ella sonriéndome se excusó y pidió disculpas por estar en mi cama, me contó que no podía dormir en su habitación aquella noche porque sentía algo de miedo y como sabía que llegábamos por la mañana se cambió de cuarto.
En un intento por cambiar la atención me preguntó por mi esposa y le conté lo ocurrido, inmediatamente su rostro esbozó una tímida sonrisa y dijo apenas susurrando ‘’estamos solos’’, entonces la interrumpí y le dije que podía dormir en mi cama y yo me iría al sofá de la sala.
Sonrojándose y con esa tímida sonrisa me pidió que la acompañara porque aún sentía algo de miedo, advirtió que no iba a pasar nada, que ella quería mucho a mi esposa, nos respetaba y agradecía el favor de recibirla en casa.
Me lo pensé un instante, pero muy maliciosamente accedí, me coloqué un short y me tumbé a ...