1. Mi prima se viste de novia (Capítulo 17)


    Fecha: 01/03/2022, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos

    ... recordaba si alguna vez la había soltado. Cuando tenía que cederle el culo a otro o se iba a la concha, o a la boca, pero siempre tenía la chota en algún agujero.
    
    A todo le dije que no. Ya era demasiado. Al rato se fueron yendo, rogándome que se repita. Que era mejor que ir a tirar la guita al casino, sin dudas. Algunos me despedían con un abrazo y no podían parar de agradecerme el regalito que les había dado.
    
    El brasilero presentable se quedó un toque esperando a que se vayan, porque quería proponerme algo a solas. Lo saqué del cuarto porque ya me imaginaba que quería. Le dije que me espere ahí. Seguramente iba a ofrecer más guita que los anteriores, mostrarme seriedad, seguridad, y cosas que no iban a interesarme; quería quedarme a solas yo con Julia, disfrutarla recién garchada, sentirle el olor a culo roto, a concha sucia. El aroma tan particular que deja en la piel el látex de un forro usado. El sabor, incluso, a puta barata que tenía en su cuerpo.
    
    Eso no tenía precio. Ni un palo verde le iban a ganar a esos millones de millones que ya les dije que sentía haberme ganado.
    
    El tipo que me estaba esperando, creo que lo presintió. La resignación por volver a su cuarto se le fue dibujando en la cara a medida que los demás se iban. Pero como manotazo de ahogado, me pidió el número de celular.
    
    Le sonreí irónicamente y le di dos palmaditas en el hombro, para que entienda que eso no iba a pasar jamás. Para mi sorpresa, mi negativa fue bien recibida. Me pidió ...
    ... disculpas y cuando estaba por cerrar la puerta, dijo algo que me heló la sangre.
    
    -Se corrió el rumor de que en el barco estaba el usuario_PsyExA, pensé que era usted y necesitaba sus servicios. –me dijo, a modo de despedida.
    
    Volví a abrirle la puerta de inmediato. Cuando lo hice, el tipo sacó una ficha de casino de cinco mil dólares. Me la ofreció otra vez a cambio de mi número de celular.
    
    Mirándolo como si le estaría cantando truco con dos cuatros y un cinco, disimulando mi curiosidad, le dije que yo no era ese usuario. Que no lo conocía. Pero le aceptaba la ficha y le daba mi número, pero sin promesas de nada. Le repetí también que esto no volvería a suceder nunca.
    
    Cuando cerré la puerta y el brasilero se fue, me avivé que caí como un pelotudo. Aunque en realidad debía reconocerle cierto grado de inteligencia al hombre. Diciendo eso supo que llamaría mi atención, y lo logró. Seguramente me había visto peleando con Fabián en el bar, se hizo compañero de bebidas y le contó lo sucedido. El resto es utilización de la información, algo que la gente de plata maneja a la perfección, casi como un instinto natural.
    
    También al cerrar la puerta pude sentir el inexplicable olor a sexo que se había concentrado en el camarote. Una mezcla de transpiración, concha seca, fluidos masculinos y orto abierto que era una delicia de sentir en esa situación. Mi prima todavía desnuda, inconsciente, recién garchada, despatarrada y despeinada, pero siempre con la colita empinada. Era un ...
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