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Inimaginable fantasía cumplida.
Fecha: 05/03/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... pezón de un tamaño importante. Una vez termino de subir, se tapó su teta, sin ninguna prisa, cruzándose nuestras miradas mientras lo hacía y una sonrisa “tímida” apareció en su rostro. Mi cabeza se puso en ebullición, me imaginaba de todo, desde que quería “guerra” a que me estaba provocando. No pensé en ningún momento que hubiera sido accidental, mi mente es que en algunos momentos está en modo “sucio”. Con la misma parsimonia que tuvo al salir de la piscina, era la misma con la que venía andando. Moviéndose al andar de tal manera, que me volví bizco viendo el meno de sus tetas. Cogió una toalla y se secó de una manera que me excito, es que cualquier cosa que hiciera me ponía cachondo. Hubo un momento en que se me paso por la cabeza decirle que la secaba yo, menos mal que me mordí la lengua. Se tumbo y dijo, “Ximo, anda ven a ponerme el protector” como Ximo no dijo nada, rápidamente y no sé cómo fui capaz, cogí el bote de crema que nos había puesto ella antes y me ofrecí, se quedó mirándome, se azoro un poco y dijo que porque no. Me dio un frasco, que era un protector en aceite. Me coloque en el lado contrario, para poder controlar a Ximo, por si giraba su cabeza. Ya está tumbada del todo, con sus manos por encima de su cabeza. La visión del culo era estupenda. No sabía por dónde empezar. Empecé por la parte de arriba, hombros y cuello. Se lo hacía suavemente, pero con mis dedos apretaba en algunos sitios con más intensidad, sabía que le daba un buen masaje, ...
... porque se fue relajando. La parte de arriba de su bikini me molestaba y le dije, “Si desabrochas el bikini te lo podre dar mejor” y antes de que ella pudiera decir nada ya se lo había desabrochado yo. Ahora el cuello y la espalda están libres. Como libres quedaron sus tetas, porque ahora por los lados se le salían mucho más, o se le veían mejor. Me tenía que aguantar y mucho las tentaciones de poner mis manos en los costados para acariciar esas tetas, que desde chavalín me fascinaban, tanto a mi como a mis amigos. Si me vieran se morirían de envidia. Quien me iba a decir a mis 18 años que pasado el tiempo me vería en la situación que estaba. El corazón me hacía pum, pum, pum, era algo anormal. Ni en mis ejercicios más fuertes haciendo deporte se me ponía de esa manera. Cuanto más masajeaba sus hombros y su cuello, más se relajaba y se le oía como un suave murmullo, ininteligible. Miraba hacia donde estaba su marido, llevaba con uno de sus brazos caídos y que no se le movía para nada, o estaba muerto o dormido como una marmota. El que Ximo estuviera así, mi imprudencia, mis tentaciones y lo lanzado que me ponía cuando estaba cachondo, fue una combinación muy “peligrosa” Me anime yo solo. Mis manos fueron ahora a la espalda, a sus omoplatos y a sus costados. Cuando iba hacia los costados, hacía que las yemas de mis dedos llegaran justo al borde de sus tetas. La primera vez note que se puso en tensión, pero como fue algo rápido, se tranquilizó y las siguientes veces fue igual, ...