1. Maricarmen


    Fecha: 05/03/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Hace años en mi pueblo paraba yo en una taberna para jugar la partida a las cartas con los amigos y tomar unos vinos, era la taberna del Rojo, así le llamaban al dueño porque era comunista. La taberna tenía los asientos hechos con troncos de eucalipto y las mesas con tablas sacadas de pinos, lo mismo que la barra. Era un sitio pequeño, no tendía más de diez metros de largo por seis de ancho y tenía una ventana que daba a la carretera.
    
    El Rojo era hermano de mi esposa y era un bicharraco, muy alto, tan alto cómo feo, era feo de cojones, y de cara. Su mujer, Marta, era guapa, cómo guapa era la hija, Maricarmen, la apodaban la Larguirucha, porque medía un metro setenta y cinco. Maricarmen era morena, de ojos color avellana, tenía media melena y un tipazo. Vestía casi siempre pantalones vaqueros tan ceñidos que parecía que cualquier día su prieto culo los iba a reventar, y cuando llevaba camiseta, siempre, pero siempre, se le marcaban los pezones en ella, unos pezones que eran cómo garbanzos. No era de extrañar que la tienda siempre estuviera petada de hombres. El Rojo usaba a su hija cómo gancho, y ella se hinchaba cómo un pavo al ver cómo los hombres la miraban con lujuria, todos menos yo. Yo iba a lo mío y sí, la miraba al entrar, pero después me olvidaba de ella, incluso cuando iba a la barra a pedir un vino, se lo pedía a mi cuñada, ya que el Rojo se sentaba con los clientes a jugar la partida a las cartas.
    
    Mi historia con Maricarmen empezó un día en que andaban en ...
    ... España con la campaña electoral de 1989. Llegué a taberna por la tarde para tomar un vino. La taberna estaba desierta, solo estaba Maricarmen, sentada detrás del mostrador. Mi cuñado y mi cuñada andaban de campaña.
    
    Se levantó, y con una sonrisa en los labios, y sin yo pedirle nada, me puso un vino tinto. Eché mano al bolsillo para pagarle, y me dijo:
    
    -Deja, hoy invito yo, tío.
    
    De pie, delante del mostrador, mirándola a los ojos, le pregunté:
    
    -¿Y eso?
    
    -Me apetecía hacerlo. ¿Te puedo hacer una pregunta?
    
    -Claro que sí.
    
    -¿Por qué no me miras cómo me miran los otros hombres?
    
    -Una porque estoy casado, y dos, porque eres mi sobrina.
    
    -No hay lazos de sangre entre tú y yo.
    
    -Cada uno es cómo es.
    
    -¿No te gusto?
    
    -No es cuestión de gustos, es cuestión de ética
    
    -Entiendo. Si cambias de opinión el sábado voy a estar en la discoteca del Ramal.
    
    -No sé bailar.
    
    -Yo creo que sí, creo que tienes experiencia suficiente para ponerme a bailar.
    
    Me tomé el vino antes de irme para coger mi Seat 1430 que tenía aparcado enfrente de la taberna, le dije:
    
    -Eres una cabeza loca, Maricarmen.
    
    -¿Vendrás?
    
    -No.
    
    Esto ocurrió en viernes, al día siguiente, a las once de la noche entré en la discoteca, costaba 1000 pesetas. Yo tenía derecho a una consumición y ellos a romperme la cabeza con el volumen de la música. Fui a la barra y pedí un cubata de ron. Aún no me lo había servido el barman cuando sentí una voz a mi espalda que me decía:
    
    -Has venido.
    
    Me ...
«1234»