-
Maricarmen
Fecha: 05/03/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... giré y vi a Maricarmen. Vestía con unos pantalones vaqueros y una blusa blanca escotada que dejaba ver el comienzo de unas grandes tetas. Calzaba unos zapatos de tacón alto que aún la hacían más alta de lo que era, le dije: -La tentación era muy grande. ¿Quieres tomar algo? -No, acaba que nos vamos. La muchacha tenía prisa. De dos tragos acabé el cubata y nos fuimos. En el auto, le pregunté: -¿A dónde quieres que vayamos? -Sorpréndeme. Ya había hecho mis planes. Si las cosas salían cómo las pensara la llevaría a Xiabre, un monte que estaba a unos cinco kilómetros de allí. Encendí el coche para llevarla a un sitio del monte donde fuera a merendar varias veces con mi esposa. En él había un pequeño campo de hierba y un pequeño embalse. Por el camino me fue metiendo mano. Sin llegar a quitar la polla del pantalón me la puso dura cómo una piedra. Nada más parar el auto en el monte le metí un morreo que la dejé sin aliento. Sentí al besarla cómo temblaba ella y cómo le temblaban los labios. Estaba cómo asustada. Abrió la puerta del auto, y sonriendo con nerviosismo, me dijo: -Bañémonos en el embalse. Bajé del auto. Maricarmen se quitó la blusa y cómo no llevaba sujetador vi sus tetas grandes y redondas, con areolas casi negras y gordos pezones. Al quitar el pantalón y las bragas blancas con flores azules vi el bosque de vello negro que rodeaba su coño... Desnudos, nos metimos en el pequeño embalse por el lado que no cubría. Riendo, comenzó a chapotear ...
... en el agua para salpicarme. Me acerqué a ella con idea de follarla allí mismo. La besé de nuevo. Mi polla se metió entre sus piernas y rozó su coño calentito y mojado de jugos mientras la besaba, mejor dicho, mientras me besaba ella a mí bajando la cabeza, ya que era más alta que yo. Al rato le comí las tetas, unas tetas que estaban cómo mi polla, duras a no poder más. Maricarmen gemía. Estaba caliente, caliente es poco, estaba hirviendo. Cuando la quise penetrar se separó de mí, y me dijo: -Sin meter, solo besos y caricias. Sentí cantar al chotacabras mientras veía su cuerpo de ninfa bajo la luz de la luna. Si no podía follarla la saborearía. Me agaché y lamí su coño. Abrió las piernas y no tuve que hacer mucho... Con la lengua entrando y saliendo de su coño y lamiendo su clítoris, descargó una corrida espectacular. Caían sus jugos mucosos cómo en una pequeña cascada cae el agua. Sus piernas temblaban. Yo estaba cómo en un sueño, cuando me dijo: -Lo siento, tío. Al acabar de correrse, bajó la cabeza. Estaba avergonzada. Sin decir palabra echó a andar hacia el coche. Fui tras ella. Sentados en los asientos, abrí la guantera y saqué una botella de vino tinto y dos vasos. Maricarmen, al ver que se me había bajado la polla, se sintió mal. -Lo siento, debí decirte que quería jugar solo con besos y caricias. Serví dos vasos, le di uno, y le dije: -Tranquila. ¿Sabes hacer una mamada? -No, nunca antes había estado con un hombre, pero me gustaría aprender a ...