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Las costureras no dan puntada sin hilo
Fecha: 12/03/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Esther tenía 28 años, estaba casada y tenía tres hijos, dos niñas y un niño, era de estatura mediana y estaba rellenita. Tenía las tetas grandes, un buen pandero y no era ni fea ni guapa. Yo, para desgracia de mis lectoras, tengo 63 años, (soy del 1955,) mido un metro setenta, soy moreno, de ojos marrones y hace un año, cuando esto sucedió tenía algo de barriga (la bajé en la bicicleta estática) o sea, que no soy el tipo de hombre por el que suspiraría una mujer para echar un polvo. Vamos al turrón. Esther era ama de casa, pero por azares del destino ahora limpiaba huertas de maleza. A las once de la mañana vino de mi huerta para tomar e bocadillo. Mi esposa antes de marchar a cuidar de los nietos le había hecho un bocadillo de jamón y le dejara una botella de vino tinto. Se sentó en un sillón con el bocadillo en la mano y la botella de vino y un vaso delante de la mesa. Estaba sudando. Eran las once de la mañana pero aquel día de agosto calentaba bien. Me preguntó: -¿Qué escribe, señor Enrique? La miré y vi que tenía la falda subida. Se le veían parte de sus muslos. Ella vio que le miraba para ellos pero no bajó la falda, le respondí: -Ya lo acabé, ahora lo voy a corregir. Antes de meterle otro mordisco al bocadillo, volvió a preguntar: -¿Que acabó? -Un relato. -¿Cómo se titula? -La pulga. Cogió la botella de vino, y a morro, le mandó un trago largo, se limpió la boca con el brazo izquierdo, y dijo: -De esas, afortunadamente, ya ...
... quedan pocas. -Pica, pero no existe. -No entiendo. ¿Qué clase de relato es ese? ¿Es de magia? -Es un secreto. Nadie sabe que escribo esta clase de relatos. -Sé guardar secretos. ¿Me deja leerlo? -No. Todas las mujeres sabéis guardar secretos hasta que empezáis a largar. Esther tenía curiosidad, y eso a veces es muy peligroso. -¿A qué va a ser un relato picante? -Claro que lo es, es de una pulga. -¿Cómo de picante? -Mucho, es un relato erótico. Su curiosidad iba en aumento. -¡¿Es de meter y sacar?! -Es de sexo, sí -Deje que lo lea. Le prometo que sea lo picante que sea no se lo voy a decir a nadie. Esther estaba muy buena y yo ya tenía telas de araña en la polla, así que, esperando que al leerlo se excitara, le dije: -Tengo que pelar unas patatas para hacer una tortilla. Voy a dejar el ordenador tal y como está. No se te ocurra leer lo que no debes. -Puedo. ¿A qué sí? -No he oído nada. Me fui a la cocina y me puse a pelar patatas. Al rato sentí un olor fuerte y cómo una mano me tocaba el hombro. Me giré y Esther, me dijo: -Me pica abajo, papá. Creo que se me ha metido una pulga. Se excitara al leer el relato, le seguí el juego. -¿Y qué quieres que le haga yo, cariño? Esther llevaba puesto un vestido azul de asas que le daba por encima de las rodillas. Al levantar los brazos para bajar la cremallera le vi los pelos de los sobacos. Bajó la cremallera que tenía detrás y el vestido cayó al piso de la cocina. -Mira ...