1. Las costureras no dan puntada sin hilo


    Fecha: 12/03/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... vez que la follaban por el culo. Al tenerla toda dentro, me dijo.
    
    -Déjala ahí, papá. No te muevas. Solo amasa mis tetas y mírame a los ojos. Quiero que veas mi cara cuando te corras.
    
    Me quedé quieto. Esther, con dos dedos, acarició el clítoris. Lo acariciaba de arriba abajo, de abajo arriba y hacia los lados.
    
    -No mires para mis dedos. Mírame a los ojos, cariño.
    
    Miré para sus ojos. La vi más bella que antes. Mi polla latía dentro de su culo. Vi cómo se le fue frunciendo el ceño y al final cómo se le cerraban los ojos, para después ver cómo la mitad de sus pupilas habían desaparecido bajo los párpados. Al correrse, de su coño, abriéndose y cerrándose, salían hilillos de babas, y su culo apretaba y soltaba mi polla con cada latido.
    
    Al acabar, aun tirando del aliento, me dijo:
    
    -Sácala del culo. Quiero chuparla.
    
    La saqué del culo y se la puse en los labios. La cogió, la olió profundamente, suspiró, la metió en la boca y me la mamó. Al rato, viendo que me iba a correr, dejó de mamar, y me dijo;
    
    -Métemela en el coño. Ahora ya puedes correrte dentro, papá. Tomo precauciones.
    
    Se la saqué del culo y se la metí en el coño. Ya estaba muy maduro y al entrarle tan apretada me corrí cómo un adolescente con eyaculación precoz. Esther, mirando mis ojos vidriosos, y apretando mi culo contra ella, me dijo:
    
    -Así, así, así, así, lléname, lléname, lléname, papa, lléname, papacito lindo.
    
    Al acabar de correrme me pidió que le volviese a comer el coño. A algunas ...
    ... mujeres les da morbo ver cómo un hombre lame su coño y se traga su propio semen, pero a ella le daba más morbo que a ninguna, ya que quería que se lo comiera y que la besara en la boca, era como si quisiera asegurarse de que me los estaba tragando. Después de uno de los besos, me preguntó:
    
    -¿Te gusta tu leche, papá?
    
    -Sí, cariño, sí.
    
    -A mí también.
    
    La hostia fue que después de decirme eso me puse tonto. Dejé de lamer, le metí tres dedos en el coño y la masturbé con ellos. Mis dedos entraban y salían a toda mecha de su coño. Su cuerpo se retorcía y cuando pensé que me iba a de decir que se iba a correr, me dijo:
    
    -Pégame. La nena está siendo muy mala.
    
    -¡¿Qué?!
    
    Me dio dos bofetadas en la cara.
    
    -¡Qué me pegues, coño! ¿O solo le sabes pegar a mamá cuando la follas?
    
    Masturbándola a toda pastilla, le di cachetes en las tetas y en la cara.
    
    -¡Plasss, plasss...!
    
    Sudaba de nuevo, sudaba mucho. Le pasé la lengua desde la pelvis al mentón. El sabor salado de su sudor me encantó. La besé con lengua y seguí masturbándola.
    
    -Me voy a correr. Métemela.
    
    Lo estaba deseando. Se la metí suavemente, y cuando iba por la mitad, me dijo:
    
    -¡Me cooorrro!
    
    Esta fue una corrida más larga que las otras. Tuvo espasmos aún después de correrse, supongo que eran los últimos coletazos del orgasmo los que arrancaban nuevos y sensuales gemidos. La levanté de la mesa, la cogí en alto en peso, y con sus jugos goteando en la cabeza de mi polla la clave sin piedad. Ella, rodeando ...