1. Las costureras no dan puntada sin hilo


    Fecha: 12/03/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... a ver si la ves, papá.
    
    Se había quedado en bragas y sujetador. Me agaché y le quité las bragas mojadas. Un tremendo bosque de pelo negro rodeaba su coño, un coño sudado y mojado de jugos que olía a bacalao y a menta (debiera mear y limpiar el coño con hierbas de menta). Me levanté. La besé con lengua y le quité el sujetador. Sus tetas, algo decaídas, eran cómo esponjosos melones, sus areolas marrones eran inmensas y sus pezones eran gruesos. Le magreé las tetas mientras las lamía y las chupaba. No me cansaba de comérselas, de una iba a otra sin parar... Le lamí las axilas, que olían cómo a tocino rancio. Me volví a agachar y le comí el coño. Con las primeras lamidas de labios y de clítoris, exclamó:
    
    -¡Hostias que placer se siente!
    
    Supuse que su marido no bajaba a su cueva. Supuse bien, ya que después de solo un par de minutos de comida de coño, me dijo:
    
    -¡Me corro, papá!
    
    Se corrió en mi boca mientras su cuerpo y sus piernas temblaban.
    
    Al acabar tenía en los labios una amplia sonrisa y estaba toda sudada de nuevo. La levanté por los sobacos y la senté encima de la mesa. Se echó hacia atrás. Le volví a lamer el coño para limpiarlo de jugos, y cuando iba a quitar la polla para follarla, me dijo:
    
    -Sigue comiendo mi coño, papá, por favor, sigue comiendo.
    
    Le levanté el culo y le lamí el periné y el ojete. Me dijo:
    
    -¡Qué gustito!
    
    Le agarre las tetas, luego, besé y lamí los labios abiertos de su coño, metí mi lengua en su vagina todo lo que podía entrar, ...
    ... una y otra y otra, y otra vez... Hasta que sus gemidos me dijeron que se volvía a venir, en ese momento hice círculos con la punta de mi lengua en su clítoris erecto, luego apreté mi lengua contra él, le metí dos dedos en el coño, le busqué el punto G, que ya estaba abultado, se lo froté con el "ven aquí" y sentí cómo su coño apretaba mis dedos y luego cómo desbordaba. Volvió a decir:
    
    -¡Me corro, papá!
    
    Se estaba imaginando que era su padre el que se la comía. Después de correrse, me dijo:
    
    -Ojalá yo fuera mamá. ¡Lo que daría por estar en su lugar! ¿Me la comes otra vez, papá?
    
    Me daba igual que lo estuviese haciendo con su padre... Mi esposa ya me tenía muy visto y con Esther me estaba sintiendo hombre de nuevo. Se me hinchaba el pecho cómo a un mirlo delante de una cereza madura.
    
    -Te voy a volver a hacer correr, preciosa, cómo tu quieras y cuando quieras. Vete diciendo cómo, donde, y cuando.
    
    -Méteme otra vez la punta de la lengua el ojete, papá.
    
    Le levanté el culo y le follé el ojete con mi lengua... Cuando volvió a hablar fue para sorprenderme.
    
    -Méteme la polla en el culo cómo hacías cuando tenía quince años.
    
    Hice cómo que no oyera lo que había dicho... Había cambiado de opinión, y me gustó que lo hiciera. Saqué mi polla, empalmada, que no es pequeña ni grande, pero es gordita. La tenía mojada. Se la deslicé por el coño empapado para engrasarla más. Hice círculos alrededor del ojete y le metí la cabeza. Entró muy apretada, pero ya no era la primera ...