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Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (1)
Fecha: 15/03/2022, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... parecía de buena tela y como no… caro. Saludó con efusividad sin perder su porte elegante, aunque siempre a Sergio le trataba con especial cariño, había tenido dos hijas (sus dos primas mayores) que ya volaron del nido. Él era su único sobrino y además, era su madrina, vamos que tenía el pack completo. Le dio dos besos más que sonoros y un abrazo que el chico devolvió. Siempre le había gustado su tía, por mucho que sus padres dijeran que se había vuelto “una estirada”. A Sergio le encantaba, solía hacer bromas y se reía con ella, no notaba para nada esas cosas que decían sus padres, siempre creyó que aquello se debía a unos pocos celos. Se separó después de unos segundos abrazados, Sergio no pudo reparar en que siempre que su tía le abrazaba, era muy diferente a los abrazos con otras mujeres. Ella tenía un busto considerable y aquello le encantaba notarlo. Sentir aquel par de senos sobre su cuerpo era una debilidad para el muchacho. Apenas pudo sacar una pequeña sonrisa y responder a su tía que todo le iba muy bien, ya que tan rápido como entró, las dos hermanas marcharon a la cocina. Esta vez, el joven decidió acompañarlas, las preparó un café mientras ellas hablaban sobre que Pedro (su tío), se había ido a Suecia (al final era Suecia, no estaba desencaminado Sergio) a terminar una compra de una empresa. Perdió el hilo de la conversación y siguió preparando el café para ambas. Se fijó en como el paso del tiempo las había cambiado, había visto fotos de las dos ...
... cuando tenían su edad y eran realmente guapas, como siempre decía su madre, “rebeldes para la época”. Ambas habían estudiado para la docencia, su madre encontró sitio lejos y Carmen hizo vida con su marido en el pueblo. Una tenía el pelo moreno atado malamente con un coletero y la otra exhibía su melena rubia de peluquería. La cara de su madre denotaba cansancio, una mezcla de palidez y la sombra de unas inamovibles ojeras, mientras la otra tenía un tono dorado, seguramente de tomar el sol en su jardín. El tiempo no parecía hacer meya en Carmen, como mucho algunas marcas de expresión. Su tía se había quitado la chaqueta y se le podían ver los pliegues de la piel en la parte de los codos, “algún síntoma de que es mayor” pensó Sergio. Aunque a su madre también se le notaban. No parecían que tuvieran casi la misma edad, Carmen daba la sensación de que había intercambiado la edad con su madre, incluso restado algún año más. Sergio se sentó con ellas y tras varias preguntas le comentó a su tía que iría en una semana hacia su pueblo, que lo iba a pasar en casa de la abuela y quedaría con los amigos. Ella le dijo que si quería se podía quedar con ella y con Pedro, que no tenía ningún problema. Pero su madre se adelantó a negarle ese asilo para que no se preocupasen por él. Es verdad que tenía en mente salir y desfasar un poco, por lo que no le pareció tan mal no quedarse con Carmen, así no la molestaría. Su tía tenía pensado solo quedarse unos pocos días, no le gustaba ...