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¿No sabes meter ímpetu, capullo?
Fecha: 05/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Recibí una bofetada cuando mi esposa me enseñó la invitación a la boda. Diana, se casaba. Era un día soleado y sentí que se ponía gris. Los gorriones que hacía unos segundos veía dar saltitos y me parecían encantadores, ahora me parecía buitres. Me sentí como si fuese un trozo de carne que alguien comió y después se cagó. Me sentí poco menos que nada. Oí la voz de mi esposa. Parecía que venía de ultratumba: -¿Llamo a mi sobrina y le digo que iremos? -Vete tú, yo no pienso ir. -¿Y eso? Tan bien cómo te caía... Y ahora no le quieres ir a la boda... ¡Qué raro! -Raro sería que me desplazase si no es por negocios. -También es cierto. Quedamos de ir a Londres a ver a Terry y Wendy el año pasado y aún siguen esperando. Esa noche, Diana, me mandó un whatsapp. No le contesté. Estaba dolido y oír su voz profundizaría en la herida. Una vez, sin querer la había borrado de mi whatsapp, ahora sabía cómo hacerlo y la borré. Recibí un correo electrónico, por curiosidad, lo abrí, en él me decía que quería pasar parte de la noche de su despedida de soltera conmigo. Le respondí que lo hiciera toda con sus amigas. Me dijo donde me esperaría y le respondí que no iría y su repuesta fue que ella me esperaría igual... La habitación de la pensión estaba solo iluminada con la luz de las lámparas de las dos mesitas de noche, a las que Diana había enrollado dos plásticos rojos muy finos. Encima de la cama, sobre un paño, había un pollo asado con patatas y dos botellas de vino ...
... tinto, de las baratas. Era la cena más sencilla y más romántica que había tenido en mi vida. Hasta el sitio era humilde, pero yo no estaba para romanticismos. Diana llevaba puesto un vestido marrón que le daba por encima de las rodillas, una blusa blanca y unos zapatos marrones. Estaba preciosa. No se lo iba a decir. Le dije: -No hay tenedores ni cuchillos. -Las princesas, reinas y reyes comían con las manos y vistiendo sus mejores galas. Cómo tú y yo no somos de sangre azul, había pensado en que cenáramos desnudos y que tu cuerpo me sirviese de servilleta a mí y el mío a ti. Me acerqué a Diana y cogiéndola por la cintura la besé en la boca, le di la vuelta y la puse mirando a la pared. Me dijo: -¿Vienes con ganas o me tienes ganas? Le respondí: -Ambas cosas. Te voy a follar cómo nunca te follará tu futuro marido. -¿Que sabrás tú cómo me folla él? Le bajé las bragas, quité la polla, froté con ella su chochito para encontrar la entrada, y se la clavé de un golpe: "¡Zaaas!" Mi idea era que le doliera un poco al entrar, pero estaba mojada y entró en el coño cómo entra un cuchillo caliente en la mantequilla. Me dijo: -¿Te adelgazó la polla, cabrón? Le tiré del pelo hacía atrás, le comí la boca, y la follé duro y hasta el fondo. Estaba cabreada, se había dado cuenta de que traía rabia contenida, y lo aprovechó. -¡¿No sabes meter con más ímpetu, capullo?! Le solté el pelo, le agarré las tetas y le di cómo nunca le había dado. -¡¡¡Pin, plas, ...