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¿No sabes meter ímpetu, capullo?
Fecha: 05/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... botella de vino y le echó un trago largo. Le dije: -A ver si te vas a emborrachar tú, princesa. Se puso mimosa. -Me gusta que me llames princesa. -Y a mí llamártelo. Habíamos acabado el pollo. Se hizo un silencio, de esos incómodos, en los que unos segundos parecen siglos. Cogí la botella y casi la dejé seca, ella se echó otro, y luego, me preguntó: -¿Hacía mucho que no tragabas tu semen? -Desde la última vez que estuve contigo. Me cogió la polla, flácida, con la mano llena de aceite. La metió en la boca, la masturbó y la mamó... La polla fue creciendo y acabó poniéndose dura. Paró de mamar, me besó, y me preguntó: -¿No tienes nada que decirme? Sabía que me estaba hablando de su enlace matrimonial, pero, ¿qué le iba a decir? La última vez que quise irme con ella a una isla paradisiaca me había dicho que amaba a su novio, y la prueba la tenía en que le quedaban pocas horas de soltera. Así que le respondí: -Ahora mismo... Que tengo ganas de follarte el culo. Diana, no insistió en la pregunta. -¿Quién te lo prohíbe? -Date la vuelta. Enrolló los restos del pollo en el paño sobre el que estaba, los puso en el piso y se colocó a cuatro patas. Con mis manos llenas de aceite le masajeé las tetas. Lamí desde su chocho hasta dónde se acababa su espina dorsal. Lamí y Besé su espalda... Luego le follé el chochito con dos dedos y el ojete con la lengua... A punto de correrse, me dijo: -Hasta ahora no has hecho nada que no me hicieras ...
... ya. ¿Dónde está es polvo tan espectacular que me ibas a echar? En vez de meterla en el culo se la metí en el chochito. Le metí la puntita y después el glande y con él la follé como si no tuviera más polla... Cada vez que echaba el culo para atrás la azotaba con fuerza en las nalgas. -¡¡Plaaas, plaaas!! Después de innumerables azotes, me dijo: -La dulce agonía se va a acabar, me voy a correr. No aguanto más. En ese momento, se la froté en el ojete, le metí la puntita y después el glande, se lo quité, y mientras se la frotaba en el ojete, con una voz más dulce que la miel, me dijo: -Me corro. ¡Aaaay, aaaay, aaaaay! ¡¡Me cooorro!! Puse mi mano en su chochito y mientras ella temblaba de placer, recogí sus jugos en la palma de la mano. Al acabar de correrse, se los mostré. Los lamió cómo una perrita, y después, dándose la vuelta, me besó con una dulzura que me estremecí. Quedamos boca arriba mirando al techo. Me volvió a preguntar: -¿Seguro que no quieres decirme nada? -¿Qué quieres qué te diga? Que te quiero ya lo sabes, que te adoro, también. ¿Qué para mí eres la mujer más bella sobre la tierra? Todas esas cosas las sabes, cielo. ¿Qué quieres que te diga? -Nada, a veces espero más de las personas de lo que me pueden dar. A veces no había manera de entenderla. -¡Coño! Si no me cuentas que quieres decir con eso... -Tenía que salir de ti. Te tenía que provocar decirlo. Supuse que quería que le dijera que me gustaba que se casara. No podía ...