1. La monja que dejó salir la puta que llevaba dentro


    Fecha: 18/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... de la mañana cuando se marcharon la tía, la prima y el pequeño Juan.
    
    -¿Te apetecen unos huevos fritos con bacon?
    
    Se le iluminó la cara.
    
    -Hace años que no desayuno así. Cocino yo.
    
    En un plis plas ya tenía cuatro trozos de bacon y dos huevos fritos en un plato. Estaba de espaldas a Pedro. El hombre estaba viendo el culo que viera tiempo atrás en el pasillo, un culo paradito y rellenito. Se acercó a ella y le echó las manos a las tetas. No llevaba sujetador. Se las magreó despacito. La voz de la monja sonó autoritaria al decir:
    
    -¡Suélteme, tío!
    
    Echó el culo para atrás para separarlo de ella, o para sentir su polla en el culo, fuera para lo fuera, se encontró con la polla empalmada entre las nalgas. Pedro le besó el cuello por encima de la cofia, y le dijo:
    
    -Anda, sé buena y déjate.
    
    La monja apagó el fuego de la cocina, y le dijo:
    
    -¡No se puede ser más ruin!
    
    La soltó y le dijo:
    
    -Perdona, Marta, por un momento creí que necesitabas cariño.
    
    -¡¿Quién se cree que es?! A lo mejor se cree que es mister universo
    
    -Ya te pedí perdón, no hagas más sangre. Me voy a vestir. Desayuna.
    
    La monja viendo que Pedro se rajaba, le echó la mano a la polla, y le dijo:
    
    -Aunque de esto no andas mal, daddy.
    
    Más claro, agua. Ya podía entrar a matar. Le lamió la cara. La monja giró la cabeza, le chupó la lengua con ganas atrasadas, y después, dejando salir la puta que llevaba dentro, le dijo:
    
    -¡Tengo unas ganas locas de mamártela, daddy!
    
    Pedro tenía un ...
    ... empalme bestial, se abrió la bata, quitó la polla, y le dijo:
    
    -Toda tuya, Kitty.
    
    La monja se agachó y se la mamó metiéndola toda en la boca, después le quitó los calzoncillos y lamió los cojones y se la sacudió... Lamió la polla de abajo a arriba y lamió y mamó el glande para luego mamarla cómo al principio... Estuvo así largo rato. Al dejar de mamar y ponerse en pie le levantó el hábito. Le quito las bragas negras y vio su coño, lo rodeaba una espléndida mata de vello negro. La sentó en la encimera de mármol. Le lamió de abajo a arriba el coño, el clítoris, el coño, el clítoris, el coño, el clítoris... La monja se deshacía en gemidos. Le metió un dedo en el coño y le siguió lamiendo el clítoris de abajo a arriba, hasta que se vino cómo una bendita, diciendo:
    
    -¡Mi madre qué corrida, daddy, qué corrida!
    
    Al acabar de correrse la bajó de la encimera y le quitó la cofia y el hábito. Su cabello era negro y corto. Se quedó solo con una camiseta negra, los zapatos negros con muy poco tacón y unos calcetines blancos. La arrimó a la mesa, le dio la vuelta, se la metió por detrás y la folló con prisa y sin pausa. La monja giraba la cabeza, lo miraba, gemía y se mordía el labio inferior. Al rato la sacó del coño y frotó el glande en su ojete. La monja movió el culo alrededor invitándolo a que se la metiera en el culo. No se la metió. Lamió su coño, su periné y su ojete hasta que vio como dos de sus dedos acariciaban el clítoris. Entonces su lengua comenzó a entrar y salir de ...