1. Una ciudad muy caliente para mi madre


    Fecha: 19/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Aquel verano la madre de Juan, Rosa, no tenía todavía los treinta y seis años, cuatro más que Paloma, hermana de ésta.
    
    Mientras Juan era más bien pequeño y enjuto para su edad, quizá por lo mucho que se pajeaba, pasando por su aspecto frecuentemente desapercibido; su madre, aunque era de altura media, un metro sesenta y siete, no pasaba nunca inadvertida, sino todo lo contrario al ser de anchas caderas; culo redondo, macizo, erguido y respingón; pechos generosos, firmes y nada caídos; y piernas largas, fuertes y torneadas; así como un rostro muy sensual, redondo de nariz respingona y labios generosos. Paloma, sin tener unas curvas tan rotundas y generosas, también atraía las miradas de hombres y mujeres, como las de su sobrino, Juan, que últimamente se masturbaba casi a diario pensando en ella.
    
    Esa misma mañana de un día muy caluroso de julio, los tres habían llegado en coche a una turística ciudad del sur del país, y, después de coger una habitación de hotel, se habían ido a recorrer la ciudad como turistas que eran.
    
    Ese día Rosa llevaba un ligero vestido de tirantes y minifalda de color rojo muy ajustado, su hermana lo llevaba de color amarillo y de manga corta, calzando ambas deportivas del mismo color que sus respectivos vestidos.
    
    Sin saber a ciencia cierta si los cuerpos se dilataban o los vestidos encogían por el calor, pero era evidente que los vestidos las estaban tan ajustados que se les marcaba los tangas que llevaban y que se perdían entre las prietas ...
    ... nalgas, así como lo duros y erectos pezones que amenazaban con perforar la ligera tela de sus vestidos, ya que ninguna llevaba sujetador que aprisionara tan sabrosos manjares.
    
    El cabello lo llevaban ambas corto, aunque la novedad era el color de Rosa, que se lo había teñido de rubio platino lo que hacía todavía más escandalosa su presencia y, a lo largo del día, era frecuente objeto de miradas lascivas, piropos subidos de tono e incluso obscenidades que ella normalmente tomaba con una sonrisa picarona e incluso respondía de modo desenfadado.
    
    Era evidente que ese día la mujer estaba desatada y ejercía como una auténtica calientapollas, que la gustaba excitar a los hombres aunque no deseaba que la manosearan.
    
    Juan tampoco era inmune a los encantos de las dos y, aunque siempre había sido su tía su objeto de deseo, al ver así a su madre, como vestía y las barbaridades que la decían, la vergüenza y el enojo dieron paso al deseo, al deseo que ver desnuda a su madre y, si era posible, follando, con ese enorme culo y esas tetazas brincando en cada embestida.
    
    Se quedó el adolescente con la frase tantas veces repetida de:
    
    Aunque escuchó otras como:
    
    Tanto piropo subido de tono ya cansaba, aunque Juan continuó con una erección de caballo toda la mañana, hasta que se sentaron a comer en un restaurante.
    
    Debido al fuerte calor tomaron unas ensaladas regadas por bastante cerveza casi helada, ante la lúbrica mirada de los paisanos y de Juan, que no dejaba de mirarlas las ...
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