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Una ciudad muy caliente para mi madre
Fecha: 19/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... tetas a las dos hermanas a las que el alcohol ya les estaba subiendo a la cabeza, haciéndolas perder un poco la compostura y que se abrieran de piernas lo suficiente para que el joven pudiera observar el color de las bragas de las dos, rojas las de su madre y amarillas las de su tía, del mismo color que el vestido y las deportivas que llevaban. ¡Vaya estilazo! Una vez acabaron de comer se encaminaron hacia uno de los pocos lugares que todavía no habían visitado, el alcázar, un pequeño palacio que, en época medieval, utilizaban los reyes para pasar los calores del árido verano. Tanto calor hacía que las calles estaban prácticamente desiertas y solo algún que otro turista se cruzaba colorado y sudoroso con ellos buscando desesperadamente alguna sombra donde cobijarse. Aproximándose al alcázar, se cruzaron con dos tipos, de unos treinta y tantos años, uno alto, delgado y de pelo más bien rubio, el otro más bajo, robusto y de pelo oscuro, que, mirándolas las tetas, las dedicaron otra sarta de obscenidades e incluso el alto intentó coger a Rosa por la cintura, pero ésta, con un quiebro, se zafó al momento aunque no pudo evitar recibir un sonoro azote en una de sus nalgas provocando grandes risotadas en su compañero. Indignada le recriminó con un “¡Ei! ¡Esas manitas!” para continuar con un “¡Mucho mucho pero seguro que ni se te levanta!” que sorprendió tanto a su hijo como a su hermana, lo que envalentonó al rubio que respondió con un “Ya verás cómo se me levanta y te ...
... la meto por el culo, rubia”. Y lejos de seguir su camino, los dos tipos fueron detrás de ellas, sin dejar de gritarlas obscenidades, especialmente a Rosa a la que el alto llamaba “rubia” sin parar. Y cuanto más la llamaba “rubia” más se excitaban los dos hombres y más se asustaban las dos mujeres. Apresuraron el paso sin poder dejarles atrás y, asustadas, se metieron corriendo en la entrada al alcázar que ya estaba cerrando. Un hombre enjuto en la taquilla, viendo que querían entrar, las gritó “¡Está ya cerrado! ¡Tendrán que esperar a las cinco que abrimos!”, pero, sin decir nada ni hacerle el más mínimo caso, entraron deprisa los tres, tanto era el temor que las infundía los dos tipos que las seguían. El taquillero viendo cómo se alejaban, balanceando sus hermosos culitos, casi a la carrera les gritó todavía “¡Que no pueden entrar, señoras!”. Pero no fueron las únicas que entraron ya que los dos hombres que las seguían también lo hicieron ante la desesperación del taquillero que, viendo su imposibilidad de impedirlo, les mandó a todos a tomar por culo, y cerró con llave la verja de la entrada, alejándose y dejando a los cinco dentro del recinto. Subieron las dos hermanas al piso superior seguidas por Juan y, pensando que ya estaban a salvo, redujeron el ritmo, recuperando el aliento mientras se paseaban por las salas. De pronto, un chillido que hizo que una aterrada Rosa y su hijo miraran hacia atrás, hacia el origen del grito y no vieron a Paloma que les ...