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Autobiografía sexual (Parte 6): Tras las rejas
Fecha: 25/04/2022, Categorías: Confesiones Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos
... no lo soporte. ¿Va? —De acuerdo. Adrián continuó pegándome fuerte al mismo tiempo que me follaba y yo emitía gritos de dolor, no obstante, cada vez más me fue gustando. —¡Ay! ¡Ay! ¡Dame más! ¡Dame más! ¡Uf, sí! ¡Pégame, papito! —¿Te gusta mami? —¡Ay, sí! ¡Me encanta que me pegues! —Eres mi rica puta. —¡Mmmm! ¡Soy tu puta, papi! ¡No pares! ¡Ahhh qué rico! Otra vez venía esa palabra a escena y yo me la estaba creyendo, pues ya había vendido mi cuerpo por dinero. Solo esperaba que él también me pagara al final, por pura casualidad, aunque sentía que me lo merecía por el sufrimiento. Al borde del llanto, Adrián paró de golpearme y sentí alivio, aunque necesidad de descansar, pues seguía cogiéndome. De pronto, sentí su dedo pulgar mojado presionando mi ano. —¡Ay, amor! ¿Me vas a coger por el culo? Adrián no dijo nada, solo me estuvo penetrando el ano con su dedo a la par de la cogida que me daba por el coño. Esa sensación de doble penetración fue deliciosa y me hizo fantasear con tener una en un futuro. Luego de rato, Adrián me sacó el pito de la concha e intentó introducirlo en mi culo. —¡Ay! ¡Ay! ¡Échale babita! ¡Me está doliendo! —Lo tienes bien estrecho. —Pues sí, papi. Tú lo vas a estrenar. ¡Ahhh! —Ya va entrando. ¡Ahhh! —¡Mmmm! ¡Ay, papi! ¡Poco a poco, ¿sí?! ¡Ah! ¡Ahhh! Adrián no me hizo mucho caso, pues dejó ir toda su verga de una en mi culo y me hizo llorar. De principio fue demasiado doloroso, aunque él lo hacía ...
... lento y jalando mi cabello, pero transcurrió el tiempo y se iba sintiendo muy rico, aún más cuando incrementó la velocidad. Para ese momento yo gemía despacio, pues me iba reponiendo del llanto que me causó la primera penetración, pero luego fui gimiendo cada vez más fuerte y pidiendo más. No obstante, llegó un momento en que Adrián dejó de tirar de mi pelo y solo se sostenía de mi espalda sin apoyar sus pies en el suelo, como columpiándose, pues sentía todo su peso encima. Después, me desplazó hacia adelante para que tuviera espacio en la cama, se puso en cuclillas para seguir cogiéndome fuerte y retomó las durísimas nalgadas. Mis gemidos ya parecían carraspeo, sentía calambres en los muslos y las pantorrillas, además del dolor rectal por la penetración y lumbar de soportar el peso de Adrián en cada embestida. De repente, Adrián gritó con voz grave y sentí su calientito y delicioso semen siendo depositado en mi culo. Por inercia, pujé y me salió su leche escurriendo hacia mi vagina. Fue una sensación bastante placentera, aunque me costó mucho trabajo volver a ponerme en pie. —Estuviste asombroso —le felicité. —¡Tú estuviste sorprendente! Sentí haberte hecho mucho daño que ya no quise darte cachetadas ni azotes en otra parte del cuerpo. —¿Eso quiere decir que no soporté lo suficiente? —pregunté como una inexperta en el tema del sadomasoquismo. —¡Al contrario! Lo hiciste muy bien. —¿Me puedes conceder un deseo sexual? —dije como haciendo puchero. —Claro, ...