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La monja
Fecha: 25/04/2022, Categorías: Incesto Autor: palomocaliente, Fuente: CuentoRelatos
... dos tiros en la cabeza, pero no lo encontró. José estaba en paradero desconocido. Al volver a casa llegó acompañado de otro guardia civil. Ángela y su madre, seguían en la cocina. Le dijo el otro guardia civil a Juan. -Nunca pensé que lograría follar a tu hija y a tu mujer. Rosa, al oír a aquel desgraciado, le dijo al marido: -Si nos viola ese asqueroso, te mato cuando estés dormido. Juan, le dio otra bofetada con la mano abierta que la zapateó de la silla. -No os va a follar él solo, os follaremos los dos, pero primero te vamos a follar a ti, puta! La monja, al ver al guardia civil, (un cincuentón muy alto) acercarse a ella, se levantó y se arrimó a la pared. Estaba temblando con el miedo. Juan, le dijo al guardia civil: -Primero a la puta más grande, Mateo. Que no se muevan de aquí. Enseguida vuelvo. Antes de tres minutos, Juan, volvió con una toalla mojada y dos cuerdas. Le dio la toalla al guardia civil, echó las cuerdas por encima de la viga de roble que atravesaba el techo de la cocina, y le dijo a su esposa: -¡Ven aquí, cerda! Rosa, fue a su lado, Juan, le ató las manos y quedó como si estuviera colgada de la viga. Poco después, la monja estaba en la misma posición que su madre. Los dos desgraciados se desnudaron. El cincuentón tenía una verga tan grande y gorda que metía miedo verla. Juan, con una navaja, le cortó el escote del vestido a Rosa, después, con las dos manos, lo desgarró, quedó en sujetador y bragas, que no tardó ...
... la navaja en cortar y las manos de Juan en romperlos. Las tetas de Rosa eran igual a las de su hija, con grandes areolas y bellos pezones, solo que ella las tenía decaídas. El bosque de pelo negro del coño era idéntico... Un par de cortes más y el vestido cayó al piso de la cocina. Al tenerla en cueros, fue a por la monja. Le cortó el cordón y después le hizo lo mismo que le hiciera a su esposa, con la diferencia que la monja quedó con la cofia en la cabeza, enseñando tetas y coño y con el hábito desgarrado puesto. Comenzó la tortura. El guardia civil le dio a Rosa en las nalgas con la toalla mojada. -Zasca, zasca, zasca... Rosa, no le daba el gusto de oírla quejarse... Paró y le lamió la columna vertebral. Juan, le comió las tetas, y después el coño. Rosa, una cuarentona, morena, de estatura mediana y de buen ver, no era de piedra y, sin poder evitarlo, comenzó a gemir. Juan, era lo que quería oír para burlarse de ella. -¿Ves cómo eres una puta? Los gemidos de Rosa, cesaron. Le dijo al cabrón: -¡La puta más grande que hay en el mundo es tu madre! La toalla volvió a entrar en acción. Luego, el guardia civil, se agachó, le separó las nalgas y le lamió el periné y el ojete, Juan, le comió el coño. Rosa, no quería, pero volvió a gemir con el placer que le estaban dando. El guardia civil, le dijo a Juan: -No hay mujer que no se acabe corriendo cuando la trabajamos juntos. De las palabras del guardia civil se desprendía que ya habían hecho antes lo ...