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La monja
Fecha: 25/04/2022, Categorías: Incesto Autor: palomocaliente, Fuente: CuentoRelatos
... que estaban haciendo... Eran dos sádicos. A la monja, que estaba viendo lo que le hacían a su madre, se le empezó a mojar el coño. Tenía deseos contradictorios, por un lado no quería que le hicieran nada, y por el otro deseaba que aquellos cabrones se lo comieran todo. El calentón no se le quitó ni cuando le dijo su padrastro a su madre: -Disfruta que va a serla última vez que lo hagas. Ni se le pasó cuando le dijo el guardia civil a su padrastro: -Sí, al final las tendremos que matar como matamos a mi sobrina, a mi mujer y a las otras. No se pueden dejar cabos sueltos. Dijo esto y le siguió comiendo el culo. Rosa, estaba tan cachonda que no sintiera lo que habían dicho. Lo que sintió fue como su marido la levantaba en alto en peso y le metía la polla hasta las trancas, y luego cómo el guardia civil le rompía el culo con su tremenda verga. Rosa, al rato, comenzó a correrse. Era multiorgásmica. En diez minutos se corrió ocho veces. A la monja le bajaron riachuelos de jugos por el interior de los muslos en esos diez minutos que sintió los gemidos de placer de su madre. Al final, Rosa, con tanto gusto, se desmayó. Aún con la polla dentro de ella, le dijo Juan al guardia civil: -Dale tú el tiro de gracia y vamos a bañar de leche a la monja. Las pistolas de los dos cabrones estaban sobre la mesa, y sobre la mesa las cogió José, que ...
... acababa de entrar en la cocina. Al verlo con las pistolas en las manos, le dijo Juan: -¡¡No hagas una tontería!! Sacaron las pollas de coño y del culo. Juan, no abrió la boca, apretó los dos gatillos y les metió seis balas en el cuerpo a cada uno. Cayeron muertos al piso de la cocina, donde se fue formando un charco de sangre. José, fue junto a la monja para desatarla, pero Ángela lo iba a sorprender. Mirando para el charco de sangre, le dijo: -Fóllame, José, fóllame! José, que tenía la polla tiesa, no se lo pensó dos veces. La sacó. La cogió en alto en peso y la folló. La monja, que era multiorgásmica, como su madre, se corrió tres veces, y después, sin dejar de mirar para la sangre, (parecía que la excitaba tanto o más de lo que la excitara ver cómo follaran a su madre y escuchar los gemidos de placer) le dijo: -Ahora, cómeme el coño. Se lo comió y la monja le llenó la boca cuatro veces con los jugos de sus corridas... Después, aun tirando del aliento, le dijo: -¡Fóllame el culo! Se lo folló y se corrió tres veces más, y no se corrió más veces porque José no pudo aguantar más tiempo... Le llenó el culo de leche. Luego, las desató, y cuando Rosa despertó, limpiaron la cocina... Había mucha mierda que quitar de la casa y enterrar en la huerta. Comentar solo lleva unos segundos... Que sois muy vagas y muy vagos. Quique.