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Una madre necesitada de rabo
Fecha: 26/04/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Durante mi último curso universitario me surgió la posibilidad de ser monitor de ajedrez en las actividades extraescolares que se organizaban en un colegio privado cercano a mi domicilio. Uno de los profesores del centro, amigo de la familia, me llamó para ofrecérmelo ya que al chico que tenían contratado para tal labor le había surgido otro trabajo mejor remunerado y había renunciado a mitad del curso. No es que pagaran mucho, la verdad, pero sólo me quitaba una hora dos tardes a la semana y me abría una puerta a obtener algún ingreso si, una vez terminada la carrera, no encontraba algo mejor. Así que no me lo pensé mucho y acepté la propuesta. En esos momentos yo formaba parte del club de ajedrez de la universidad pero, sinceramente, jamás había enseñado a nadie a jugar. Se lo expuse al director del centro cuando me citó para que firmara el contrato, pero me tranquilizó indicándome que la idea era que los niños se familiarizaran con el juego, que supieran mover las piezas, enseñarles alguna apertura, alguna jugada…..y sobre todo que ejercitaran un poco la mente para ayudarles en otras asignaturas como matemáticas. Me mostró el aula donde iba a desarrollar mi trabajo, me presentó al coordinador de actividades extraescolares y quedé citado para el martes siguiente a las cinco de la tarde para empezar. El primer día, siendo demasiado previsor, llegué al colegio un buen rato antes de empezar y aún estaba cerrada la cancela por la que se accedía a su interior. Vi que a ...
... pocos metros había abierta una cafetería y me dirigí a ella para tomar un café mientras hacía tiempo. Al entrar vi a varias madres con sus hijos merendando y supuse que los nenes serían los alumnos de las extraescolares. Pedí un café solo y me senté en la única mesita libre que quedaba, al fondo del local. Me entretuve en observar a los críos, pensando que alguno de ellos podría ser alumno mío, pero sobre todo a las madres. Tengo que reconocer que, con apenas veintitrés años, más de una vez pensaba en follar con una madurita y delante de mí había, sinceramente, muy buen material. Discretamente hice un recorrido visual por todo el local y me fijé, especialmente, en una mesa compartida por dos mamás con sus respectivos hijos. Una de ellas, alta, bastante delgada, pelo corto y nariz algo aguileña, con un par de tetas enormes que desentonaban en la delgadez del resto de su cuerpo. La otra, protagonista de esta historia, bastante más bajita, pelirroja de melena rizada y cara pecosa de niña buena, con unas tetas pequeñitas pero bastante subidas, casi a la altura del cuello. Terminé rápidamente el café y me dirigí al colegio para estar preparado cuando llegaran mis alumnos, dos de los cuales eran, precisamente, los hijos de las mamás que había repasado a conciencia en la cafetería. Tras presentarme a los críos, el coordinador de extraescolares me pasó una lista con sus nombres y unas fichas con información sobre sus padres, nombres, teléfonos, direcciones, etc. por si surgía algún ...