-
¿Con Melón o con Sandía?
Fecha: 06/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... prodigándole todo el placer que era capaz de proporcionar con mi boca, con mi lengua, con mis labios y sobre todo, con mi hambre de hembra, que era mucha, casi tanta como la que tenía a mi disposición. Ella quería gritar, pero sus gritos se ahogaban, los contenía mordiendo su puño. Se quejaba, agradecía, pedía clemencia y al mismo tiempo exigía más. Al final, su cuerpo simplemente se estremecía de vez en vez, todavía siendo víctima de los espasmos de su intenso orgasmo o de sus varios orgasmos, pues no tenía la cabal certeza de lo que habría experimentado. Cuando la miré a la cara, ella lloraba, su expresión era incierta, ¿agradecimiento?, ¿recriminación?... Lo cierto era que lloraba y que se abrazaba a mí, como cuando un niño llora desconsolado y se refugia en los brazos de su madre en busca de consuelo y protección. Así nos quedamos un rato, hasta que, al dormitar, un estremecimiento de su parte la hizo reaccionar. Se disculpó y se levantó del sofá, pudorosa y un tanto avergonzada, intentaba cubrir su desnudez. Acaricié su rostro y le sonreí, tratando de brindarle algo de confianza. Ella también sonrió, aunque tímidamente. La notaba cohibida, como si se arrepintiera de lo sucedido. Nuevamente, intenté reconfortarla depositando en sus labios un beso suave, tierno. —Tengo que ir al baño... —Musitó con sus labios sobre los míos, como pidiendo permiso. —Está bien, aquí te espero... “Cariño”... —Agrandó los ojos al escuchar la última palabra, sonrió algo turbada y se ...
... encaminó al baño, tratando de ocultar su desnudez inútilmente. El corazón no me cabía en el pecho, me latía, desbocado; tan fuerte, que me dificultaba la respiración. Alcanzaba a escuchar el ruido de la regadera y su voz que tenuemente canturreaba una tonada de Agustín Lara. Recogí la toalla del suelo y me planté ante la puerta del baño, donde esperé a que el agua dejara de fluir y su voz se acallara. Vi que la puerta se abrió con suma cautela, se sorprendió al verme ahí, esperándola. Su cuerpo empapado me pareció la imagen más cachonda que había visto nunca. Ella, con cara de cervatillo asustado, a mi merced, con toda su desnudez en su esplendor, expuesta, indefensa; y encima, su cuerpo mojado, escurriendo agua todos los rincones. Yo extendí la toalla y sin esperar su aprobación la envolví con ella en un abrazo que se me antojaba imposible, pero que había consumado. La besé nuevamente y ella no solamente aceptó mi beso, sino que correspondió con ansias. Se escabulló de entre mis brazos y se encaminó a su habitación. Yo la seguía muy de cerca. Ya dentro, me senté en la cama, mientras ella procedía a secar su cuerpo. La conminé a que se acercara a donde yo estaba, para ayudarle en la tarea. Aceptó, algo reticente. Otra vez me sumergí en ella, recreándome en su anatomía, recorriendo sus rincones, secándola, ya con la toalla, ya con mis manos, ya con mi boca y lengua, que recolectaba las gotitas que perlaban algunas zonas de su piel. Y luego me perdí en sus pechos, los ...