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¿Con Melón o con Sandía?
Fecha: 06/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Largo rato había estado dilucidando qué camino tomar. Podía ir en busca de Adelina, esa hermosa joven de 24 años, poseedora de un cuerpo espectacular; casada, pero con un marido residente en el extranjero, lo que la mantenía a pan y agua en el terreno sexual. Con ella ya había tenido un escarceo, lo que presagiaba futuros y placenteros encuentros. Por otro lado, tenía a la gorda de la esquina, cerca de una década mayor que Adelina, pero libre de compromisos y poseedora de una belleza tal vez enturbiada por los muchos kilos que le sobraban, pero dueña de un talento culinario sin igual. Ella vivía a unos cuantos pasos de mi casa, lo que me hacía ser demasiado cauteloso, pues de ella no podría escarpar tan fácil si decidía ceder a sus encantos. Miraba con insistencia la jarra y el platón que tenía que devolverle a la gorda. Después me concentraba en la memoria que sujetaba en la mano, que me serviría para buscar a la chica del internet público, con el pretexto de que quería saber si podría recuperar los archivos que contenía. Al final, no pude evitar que la opción de mi mano me sedujera. Volví a envolver la MicroSD en la servilleta y cuando estuve ya totalmente vestido, la guardé en el bolsillo de la camisa. Antes de salir, desde la puerta le di un último vistazo a los trastes que esperaban en la mesa. —No se vayan, espérenme ahí, muy quietecitos; me serán de utilidad más adelante, en caso de que no cuaje este negocio. —Les hablé, como si la jarra y el platón fueran ...
... a entender. Salí en busca de la aventura, a propósito di la vuelta a la cuadra por el lado opuesto para evitar cruzar frente a la casa de la gorda. En el camino me fui poniendo de lo más nervioso, en varios aspectos. Evocar esa figura de ensueño que poseía la hermosa Adelina me tenía en una nube. El engranaje de mi cabeza maquinaba una tras otra, las múltiples imágenes que mis lujuriosos deseos ansiaban concretar en vivo y en directo con la joven señora de marido ausente. Hasta el caminar me resultaba un tanto incómodo, pues el “nerviosismo” hacía que la sangre se me agolpara en la entrepierna. Metí mis manos a los bolsillos para reacomodármelo y tratar de disimular lo alebrestado que llevaba a Satanás. Cuando finalmente llegué al internet público, me quedé unos instantes recargado en la pared, a un costado de la puerta, tomando aire y dándome valor para lo que viniera. Entré rompiendo plaza, todo a mi alrededor se movía en cámara lenta o estaba congelado. Como si hubiera agudizado mis sentidos al máximo, sentía que podía percibir cada detalle de lo que acontecía allí adentro. Y luego la vi, atendiendo a un chamaco que no despegaba la vista de su generoso escote. Giró su cabeza, como presintiendo mi llegada. Sus hermosos ojos acentuaron su gesto de sorpresa cuando me descubrió. Enseguida se desentendió de lo que hacía, y extendiendo los brazos, corrió a mi encuentro. Todos los demás estaban paralizados y solamente nosotros conservábamos la movilidad, muy tenue, pero ...