1. Follando al primo, a la prima, a la tía y a la tía abuela


    Fecha: 18/05/2022, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    Primer episodio
    
    Dime cómo va la cosa.
    
    Éramos tres primos y una prima, Javier, Jacinto, Alicia y yo. Desde muy niños era Alicia la que cortaba el bacalao. A mí me llamaba Randa, a mi primo Javier le llamaba Gato y a su hermano le llamaba Rata y por supuesto ella era Alicia Babá. Le faltaban 37 ladrones, pero cómo ella decía: "Por algo se empieza".
    
    Nuestra cueva, Sésama, estaba era el monte y tenía cuatro colchones, mantas y sábanas, un mueble viejo con cajones una mesa, cuatro sillas, cuatro platos, cuatro cucharas, cuatro cuchillos, trapos, velas y un quinqué que habíamos mangado en una casa abandonada.
    
    El monte tenía un estanque donde nos bañábamos desnudos mis primos y yo cuando Alicia no estaba.
    
    Un día a mi prima le empezaron a salir las tetas y desde ese momento dejaría de enredarnos en sus aventuras, aventuras que serían muy largas de contar, pero que básicamente se trataban de peleas o de pequeños hurtos de fruta, de enseres en las casas abandonadas, cositas en la taberna mientras alguno distraía a la tabernera..., pero a lo que iba, ese día nos dijo con aires de superioridad:
    
    -Dejo de ser vuestra jefa. Sois muy críos para mí.
    
    Alicia era delgada cómo un fideo y tenía la misma edad que yo, pero la verdad era que me gustaba, por eso no tomé bien lo de su marcha. Le dije:
    
    -Sin tiempo no era. Ya estaba cansado de obedecer a un adefesio.
    
    Se puso alta.
    
    -¿Qué coño es un adefesio?
    
    Me puse más alta que ella.
    
    -Míralo en el diccionario, ...
    ... inculta.
    
    Levantó la mano. La miré con cara de mal hostia, se rajó y se fue. Debió preguntar lo que significaba adefesio, ya que dejó de hablarme.
    
    Unos años más tarde, Jacinto, Javier y yo éramos tres muchachos delgados, de estatura mediana y bastante apuestos. Estaba bien entrada la primavera cuando fuimos a bañarnos en el embalse, un embalse que tendría unos quince metros de largo por unos seis de ancho y que estaba cubierto por nenúfares por los lados. Sobre ellos y entre ellos croaban las ranas de aquel embalse que regaba las huertas de los vecinos de mi aldea. Nos bañamos en pelotas. Después cogimos nuestras ropas y bocadillos y fuimos para un pequeño campo de hierba rodeado por matorrales. Allí en pelotas sobre la hierba nos pusimos a conversar mientras oíamos titear a las perdices, cantar a los grillos, trinar pájaros de distintas clases... Jacinto, el hermano de Alicia, nos dijo:
    
    -Sé de un juego que os va a dejar...
    
    Lo corté.
    
    -Con el culo roto.
    
    -Puede, nunca se sabe.
    
    -¿Y qué juego es ese?
    
    -El de la gallina ciega.
    
    Javier le dijo:
    
    -Ese juego es de niñas
    
    -Sí, y jugué a él con mi hermana y con Conchita. Se pasa de puta madre.
    
    Me picó el gusanillo de la curiosidad.
    
    -¿Les tocaste las tetas?
    
    Jacinto se hizo el interesante.
    
    -¡Ah! Si queréis saber lo que les hice tendréis que jugar.
    
    -Me late que es un juego diferente al de la gallina ciega -le dijo Javier-. ¿Me equivoco?
    
    -No, mi hermana y la Rubia, acabaron cómo estamos ...
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