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Pajas
Fecha: 21/05/2022, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... huevos y la polla y desde entonces suelo hacerlo para hacerme una buena paja. Hacía un turno que acababa a las dos y media de la madrugada y acostumbraba a estar muy lleno en plena temporada. Una noche llegó un hombre algunos años mayor que yo por su aspecto y se sentó en la barra del bar. Le serví un gin tonic y continué yendo arriba y abajo de la barra ocupándome de los otros clientes. Al poco, cada vez que pasaba por delante suyo me hacía algún comentario o me preguntaba cosas sobre el pueblo hasta que las preguntas empezaron a ser sobre mi. Al principio no me extrañó porque muchas personas se sientan en la barra para charlar y desahogarse un poco. En un momento de tranquilidad me dijo que era inglés, cosa que yo ya había notado por su acento, y que hacía dos días que había llegado a pasar una semana junto con su mujer y su hija, pero que ellas se habían ido a una excursión en la que pasaban la noche en otro lugar y a él no le había apetecido ir porque de ese modo podía estar tranquilo un par de días y salir solo esa noche. Le felicité irónicamente haciendo alguna broma y seguí con mi trabajo. Me fijé que cuando pasaba por delante él seguía con la vista mis movimientos. Me comentó que trabajaba muy bien y rápido y se lo agradecí sin darle más importancia. Estuvo toda la noche en la barra y se bebió unos cuantos gintonics más hasta la hora de cerrar, cuando como cada noche pedíamos a los clientes que quedaban que se marcharan. El hombre de la barra fue el primero en ...
... acabarse su bebida de un trago, me dio las gracias y deseándome buenas noches salió. Como cada noche estuvimos unos minutos hasta que se fue el último de los remolones. El bar siempre lo cerraba mi compañero y, como yo ya había acabado, salí y me dirigí a mi coche para irme a casa. A pocos metros del bar vi que el inglés de la barra venía en mi dirección. Cuando llegó a mi altura me pidió que le dijera por favor donde estaba el hotel en que se alojaba, pues al ser un lugar casi desconocido y después de las cuatro o cinco copas que se había tomado no recordaba por donde ir. Era un hotel que no estaba muy lejos e intenté explicárselo pero parecía no acabar de entenderlo. Entonces decidí acompañarle con mi coche, pues parecía inofensivo y yo no tenía que desviarme casi nada de mi camino. Subimos al coche y me dio las gracias poniéndome una mano sobre el muslo y apretando un poco por la parte interior. No me sorprendió demasiado porque las miradas que me había echado en la barra me sugerían que las cosas podían ir por ese camino. Como no se la aparté ni hice nada para rechazar su contacto él dejó la mano allí y me invitó a su habitación del hotel a tomar una copa. Yo pensé en las posibilidades de hacerlo, ya que esta parte de mi vida era y es secreta y en aquel pueblo me conocía bastante gente. Corría el peligro de que el portero de noche me reconociera, pero por otro lado no había peligro de que el hombre ese volviera al bar y se pusiera pesado, ya que supuestamente su mujer y su hija ...