1. Ale, una viuda de 45 años


    Fecha: 21/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: mariox, Fuente: CuentoRelatos

    Hola. Mi nombre es Martin, vivo en Córdoba (Argentina). He leído mucho de los relatos aquí publicados y pensé en mis historias. No son miles, no son pocas y todas tienen un detalle que, creo, las hace interesante. En las relaciones entre amantes ya casi esta todo escrito y es muy difícil redactar algo que sorprenda a los lectores. Por eso, vamos con la más absoluta verdad. Lo que les cuento pasó así.
    
    Luego de varios meses de desempleo, ya con la autoestima laboral y personal por el piso, fui a una entrevista donde me ofrecieron un empleo bastante por debajo de mis pretensiones y estudios. Pero también era fácil ganarme el puesto. Lo tome como algo transitorio y acepte. El primer día conocí a los pocos empleados y me di cuenta que, empresa familiar al fin, muchos eran parientes o amigos. Solo un par eran "de afuera". Hacia la tarde, me presentaron a Ale: viuda, 45 (yo tenía 25), muy agradable en el trato y la presencia. No una modelo, no un desastre. Una mujer normal con dos hijos adolescentes. Ella trabajaba menos horas que yo por lo que coincidíamos en la hora de salida (20 h).
    
    Con los meses nos conocimos más y, en esas horas de la noche, conversábamos más a fondo de nuestras vidas. La suya era difícil, único ingreso del hogar, la mía de un joven soltero pero, reconozcámoslo, muy tímido para las mujeres. Un tema al que no le encontraba la vuelta, tal vez por esos problemas de autoestima que arrastraba. Una tarde de verano la invite a tomar algo después del trabajo, ...
    ... ella acepto pero me pidió que fuera cerca de su casa por los chicos necesitaban algo. Acepté y fuimos.
    
    Cervezas mediante, la charla se hizo más íntima. Hasta que, con mucha sutileza de ambos, fuimos revelando nuestra ganas de sexo. No nos molestaba la diferencia de edad (a mí en absoluto) y la tensión se hacía insostenible. Pero ya era tarde, debía volver a su casa y lo pospusimos por unos días. Mientras caminábamos abrazados, nos besamos y la pasión comenzó a fluir.
    
    Una semana después, ella acomodo sus horarios y tuvimos nuestra noche. Yo salí primero para esperarla en una esquina cercana, al rato salió ella. Caminamos hasta un hotel cercano y podíamos sentir el temblor de nuestra primera vez. Ya solos en la habitación, nos miramos a los ojos. Su experiencia y sus ganas (varios años de viudez sin un hombre), mi juventud y mis ganas (por fin algo me salía bien!!). A medida que nuestras ropas caían, bese cada centímetro de su cuerpo. Cada rincón de sus tetas (normales, un poquito caídas) pero lo que más me sorprendió fue su piel perfecta. Ella acaricio mi pene y se agacho para saborearlo. Sentí su lengua hacer un trabajo perfecto, esos que solo nacen de la pasión.
    
    Fuimos a bañarnos juntos, enjabonarla fue la excusa perfecta para recorrer su cuerpo. Buscamos una mejor posición y comencé a penetrarla. Así... parados... con el agua cayendo. Al rato, minutos que parecieron horas, nos tiramos en la cama. Nos veíamos hermosos. Mi cabeza busco su entrepierna y mi lengua su ...
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