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La lotería (Parte 1)
Fecha: 23/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Sempiterno, Fuente: CuentoRelatos
... gritándome. No recordaba haber hecho algo malo por lo que me parecía extraño. —¡Sergio! ¡De esta, no te salvas! —me dijo con la cara seria, pero más me dolió ese rostro que puso, como si hubiese visto a la peor chusma. A su lado estaba Joaquín llorando desconsoladamente, supuse que él tenía que ver con esto y presentía que no era nada bueno. Enseguida mi madre me mostró mi IPad, en el estaba escenas porno, precisamente una madura siendo follada por un jovencito. Siempre había tenido cuidado cada vez que navegaba en estos sitios, eliminaba mi historial después de verlos, por lo que no tenía nada que ver en esto. Lo tenía claro, a Joaquín mi mamá le había descubierto viendo aquellas candentes escenas y él me echó toda la culpa. De nada sirvió explicarle que no era mi culpa, que su engreído Joaquín, su preciado hijo era un maldito pajero. —¡Le hiciste ver cosas sucias a Joaquín!, ¡A partir de hoy, estas castigado! —me replicó. —¡Madre, por favor créeme! —le supliqué. —¡A partir de hoy te quedas sin el IPad! Agradece que no le comentaré de esto a tu padre, porque estoy segura de que si lo hiciese te irías al ejército, como siempre le aconsejé para que te corrijan. Tú necesitas una educación castrense, ya no tienes solución —me respondió tajantemente. Me quedé callado cuando me dijo aquello. Mis sueños de ir a la universidad se truncarían. Sentí tanta impotencia, que la respiración se me cortaba, a parte de esto me estaba quitando injustamente el IPad, que ...
... con tanto esfuerzo había ganado, era un motivo de orgullo para mí, una recompensa a mi sacrificio como buen alumno. Además era una herramienta muy útil, ya que me ayudaba a tomar apuntes más rápido. En ese momento avisté una sonrisa burlona en la cara de Joaquín. —¡Sé un hombre por primera vez. Deja de lloriquear y asume tu responsabilidad! —le increpé mientras le apuntaba con el dedo. Sentí un dolor intenso en mi rostro, producto de la cachetada que me dio mi madre. Me vibró hasta el tímpano, incluso perdí la audición por un momento. —¡Si estuviera aquí tu padre ya te ibas a enterar tú, sinvergüenza!¡Caradura, largo de acá! —me dijo mientras ponía una cara que parecía una mezcla entre asco y enojo. Me fui del cuarto de mi hermano, mientras dos surcos de lágrimas recorrían mis mejillas, eran de indignación pura. Cantaros de agua fluían de mis ojos, no paraban de salir, y no se debían precisamente al dolor de la cachetada, eran de rabia, impotencia, quería desaparecer, deseaba blasfemar, llorar. Mi “querida madre” me había desautorizado y humillado cuando tenía toda la razón del mundo. Me ridiculizó delante de ese bribón de hermano que tenía. Aguanté el mes de castigo, trataba de ignorar a Joaquín que se pavoneaba de tener un nuevo IPad, al verlo no sé de dónde saqué fuerzas para no golpearlo. Recordé el poema de Pedro B. Palacios, mientras lo decía entre dientes cada vez que podía para sentirme menos desdichado. No te des por vencido ni aun vencido. No te ...