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Tensión laboral, tensión sexual
Fecha: 24/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Fulanodetal, Fuente: CuentoRelatos
La época: mediados del 2008, son días monótonos de trabajo en la oficina sin novedad especial. Estructuramos proyectos inmobiliarios en un medio cada día más costoso, sube el precio de la tierra, la ciudad se queda sin espacio. Una reunión con un posible inversionista y su esposa parecen animar la mañana, una pareja particular, el hombre muy mayor, cuerpo grueso de baja estatura con presentación impecable. La mujer mucho menor, ojos miel, voz sonora, personalidad atractiva, sabe que los hombres caemos fácil con ella. Es una mujer segura de sí misma, incluso pasa por arrogante, es alta, bonita, presencia imponente que llena el espacio donde entra. No es una experta en finanzas, pero pone límites y lleva el ritmo a quien enfrente en el juego de sus negocios. Mi perfil es más técnico, discreto, de modo que mi actitud fue distante comparada con la de todos los hombres que quieren untarla con halagos y apuntes ridículos para hacerse notar. El trabajo en equipo nos permitió compartir tiempo, así como tener conversaciones simples en las que me di por tarea no alimentar su ego subido. Pasadas varias semanas en las que la comunicación y los temas comunes de trabajo nos unían, me animé a decirle que saliéramos a tomar café, demostrando mi intención de acercamiento, dijo que no, acepté mi derrota y seguí los días sin volver a tocar el tema, aunque me encendía el alma cuando me sostenía la mirada. Un martes temprano, me dice que no puede reunirse a trabajar por cosas urgentes que ...
... debe resolver y que en la tarde irá a masaje y baño turco; dijo algo como… “a las tres salgo de masaje y me meto al turco, si quiere vaya y allá revisamos números”… su comentario fue una despedida diplomática para ponerme en sitio como empleado de una compañía asociada de su esposo. Pues allá llegué, a los baños turcos. Al no llevar vestido de baño me dieron una pantaloneta desechable, me veía como jugador de futbol de los años cincuenta, me sentía ridículo, decidí devolverme para no exponerme a hacer el oso, pero camino al vestier me la encuentro de frente, viene con un vestido de baño azul enterizo, parecía una nadadora olímpica. El mesero detrás le trae las toallas y la bebida, cuando me ve de frente abre esos ojos miel gigantescos y me saluda con un cariñoso… “y usted? que hace aquí ¿?” muerta de la risa, no podía creer que me le colé con la invitación. Sobreponiéndome al miedo le dije “Usted me dijo que viniera, yo vengo a trabajar”. La noté nerviosa, porque frecuentaba el lugar con su esposo, pero igual seguimos hablando y poco a poco con tono menos prevenido. Buscamos una mesa, acomodó sus cosas, me miraba, se reía, hablamos cosas sin importancia y por supuesto no faltaron los sarcasmos de parte y parte. Me parecía paradójico ver sus piernas largas, blancas, en chanclas, la vi humana, mujer, divertida, sencilla, cómplice. Ya por ese momento la vi nerviosa, intimidada, nos encontramos mirando a los ojos, bajando la mirada a los labios. Al mirarme sonreía y miraba para ...