-
Tensión laboral, tensión sexual
Fecha: 24/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Fulanodetal, Fuente: CuentoRelatos
... otra parte. Para ese momento olvidamos el supuesto trabajo motivo de mi aparición y entramos al turco, el vapor muy denso, las demás personas sofocadas, el calor no da espera, las bebidas pierden el hielo y el sudor trae consigo un baño de feromonas que le daña la cabeza a cualquiera. Nos recostamos en silencio con las cabezas casi juntas, pero los con cuerpos estirados en sentido opuesto en las escaleras de cuadritos de porcelana blanca. Quedamos solos por un momento y el roce de las mejillas nos llevó al beso más suave y sensual que sentí en mucho tiempo, despacio, lento, húmedo. A partir de ese momento la complicidad, los nervios, las ganas se dispararon. Nos besamos con la lengua enredada, con ganas. Se sentó a mi lado recostada en mis piernas. Ocasionalmente se acomodaba el vestido con una insinuante muestra accidental de sus pezones rosados, aún dormidos por efecto del calor. En ese turco las divisiones son de vidrio y la luz exterior muestra en medio del vapor cuando una persona se aproxima, tomábamos bebidas para soportar el calor, salíamos a hacer pausas, entre besos, caricias, roces, toquecitos. Éramos un par de mocosos esperando un momento de soledad. Llegaron los besos melcochudos, de esos que uno critica cuando son ajenos y el instante intenso llega con mis manos recorriendo su vestido de baño, el pubis caliente, empapado, las caderas, la cintura, los besos de lenguas enredadas; ella separó las piernas, metí la mano por el borde de la pelvis y sentí ...
... una vagina suave, lisa, con una pepa enorme que brotaba palpitando, resbalosa, la froté con mucho placer y ella se dejó llevar con gemiditos que parecían quejas de dolor, los ojos cerrados, movía su pelvis con mis dedos encharcados entre los pliegues de la cuca más rica, la más caliente, el ritmo subió y sentí su mano empujar la mía hacia adentro para meterle los dedos de la forma más descarada, dos, tres, rápido, fuerte, al fondo, llegó el chasquido de sus jugos resbaloso mientras se venía retorciendo las piernas como una loca y yo miraba que nadie se acercara. Apretó las piernas con mis dedos aún atrapados, rígida, completamente ida. Un momento de muerte lenta, tomó aire, se acomodó de una forma más decente y tomó agua, tomó aire de nuevo, nos besamos. Por momentos ella me acariciaba sobre la pantaloneta, sentía mi pene embriagado por el calor, la lujuria, el susto del sitio prohibido, la felicidad de descarar lo que descubrimos por fuera del trabajo. Mi sangre corría empujada por el corazón acelerado, mi pene sensible se convertía en verga excitada. En un momento, nuevamente solos, fuimos a la ducha a refrescar la piel, metió la mano y me cogía las huevas y la verga de una forma tan rica, con esa mirada de ganas que me mataba. En los momentos de contacto no hablábamos, solo gestos, gemidos, nos mirábamos. El calor, el desgaste de energía por la deshidratación y la tensión del público que nos pudiera sorprender no eran los mejores aliados de mi erección, de modo que ...