1. Mi jefe


    Fecha: 31/05/2022, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Hola a todos, me llamo Hugo, soy un chico de 22 años, esto que me ocurrió sucedió al mes de empezar a trabajar como becario en una empresa de mi ciudad, acababa de terminar la carrera universitaria y había tenido la suerte de ser seleccionado en el departamento de marketing de dicha empresa. Apenas me pagaban, pero cogería mucha experiencia y con suerte una vez acabada las prácticas me harían fijo.
    
    Había escuchado que en esta empresa se trabajaba muy duro y exigían mucho, lo pude comprobar los primeros días, pero me supe adaptar y seguir el ritmo de trabajo. Me llevaba bastante bien con mis compañeros, había buen rollo, y eso hizo más llevadera mi estancia allí. Ninguno de mis compañeros merecía la pena, el que no era atractivo estaba casado o era hetero.
    
    Como trabajaba tantas horas casi perdí el contacto con mis ligues de la universidad y apenas salía por ahí de fiesta para conocer gente nueva. Así que mis días de sequia se estaban prolongando demasiado. Lo único que merecía la pena era Jordi, el vigilante de seguridad de la empresa. Había cogido confianza con él, sobre todo los días que salía tarde de la oficina, siempre me quedaba charlando con él un rato. Tenía 29 años, bastante guapo, pinta de heterito chulo, cuerpo fibrado, bastante musculado, si no estaba trabajando estaba en el gimnasio. Por lo que había averiguado en nuestras charlas, no tenía nada serio, pero se veía con varias chicas, vaya, todo un picaflor pensaba yo.
    
    Me encantaba hablar con él, de vez en ...
    ... cuando le lanzaba la caña, pero no picaba. Era bastante reservado conmigo, pero teníamos buena sintonía. Sin duda era lo mejor que me pasaba durante la semana, estar con él. Pese que maldijera a mi jefe por hacer que saliera tarde de trabajar merecía la pena con tal de charlar con Jordi.
    
    Hablando de mi jefe, Don Jaime, como le gustaba que le llamasen, o Señor Martínez. Y no, no es que tuviera ochenta años para esos formalismos, tenía cuarenta y ocho, y nos ordenaba que lo llamásemos así. Un tipo con unos aires de grandeza que no tenían límites, lo conocí el día que me entrevistó y ya me pareció todo un capullo. Había heredado la empresa de su padre sin ni siquiera dar un palo al agua. Llevaba todos los días a partir de las 11 de la mañana. Enchaquetado de la cabeza a los pies, con su BMW y oliendo a Loewe 7, todo un pijo egocéntrico.
    
    Por lo que me habían comentado mis compañeros estaba casado y tenía un hijo, y era sabido por todos que era un mujeriego empedernido, le tiraba a todo lo que se pusiera por delante. No es que fuera un partidazo, era normalito, pero imponía, alto, fuerte, con barba cuidada y pelo corto dejando ver sus entradas. Siempre lo había visto en traje y corbata. Se notaba que le gustaba cuidarse. Alguna vez lo pillé mirando el culo de mis compañeras. Y yo tengo que confesar que alguna vez le miré el paquete cuando estábamos en la sala de reuniones, se sentaba abriendo sus piernas y se le marcaba un gran bulto. A lo mejor de ahí le viene el éxito con ...
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