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Esther y su padre, un incesto inevitable
Fecha: 09/06/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Año 1955 - Galicia, en una aldea remota. Edelmiro, un hombre de 38 años, alto, moreno y bien parecido, había enviudado y trabajaba en sus huertas de sol a sol para no pensar en lo acaecido un año atrás. Pero lo que tiene querer olvidar es que no se hace más que recordar, y no hacía más que recordar a los cuerpos desnudos de su mujer y del cestero, con cinco agujeros de bala, tres él y dos ella que les había descerrajado el cartero, que también yacía muerto con un tiro que se había metido en la sien. No había que ser un lince para saber que el cartero era el otro amante de su mujer, y eso fuera lo que dedujera la guardia civil. Ese día Edelmiro estaba poniendo maíz. Era marzo y el sol no llegaba a calentar ni tímidamente, pero él se quitó la camisa y quedó a pecho descubierto enseñando su musculado torso y el vello que había en él. Esther, su hija, una adolescente, morena, rellenita, con media melena, tetas gordas, y con un culo importante, que vestía con una falda negra que le daba por debajo de las rodillas, y que calzaba sandalias de goma sin calcetines, cómo su padre, le dijo: -Pon la camisa papá que aún vas a coger una pulmonía. -A ver si es verdad y voy para el otro mundo de una puñetera vez y me olvido de todo. -No digas tonterías, a mí me haces mucha falta. Edelmiro cogió una piedra y se la lanzó a un petirrojo que andaba comiendo gusanos que quedaran al aire al remover la tierra. Miró hacia el monte y luego, secándose el sudor de la frente, miró ...
... hacia arriba, y dijo: -¡¿Qué coño te hice yo para joderme así, jefe?! Esther, se persignó. -No juegues con esas cosas, papa, que te pude castigar. -¡¿Más?! -A Job se lo quitó todo. Edelmiro, volvió a tirar otra piedra, esta vez a una urraca. -¡Pero Job era un santo, y yo lo que tengo de santo cabe en una cucharilla de café y no la llena! -Déjalo, papá, déjalo. Ya se acabó el maíz. ¿Volvemos a casa? -Habrá que volver y afrontar de nuevo la soledad de una cama vacía. Recogieron las herramientas una hora antes de que anocheciera. Esther, desató la vaca, que estaba apastando en un herbazal y volvieron a casa. Aún tenían que darle de comer a los cerdos, a los conejos, a las gallinas, ordeñar a la vaca, ducharse, y después, escuchando la radio, cenar al calor de la cocina de piedra. Acabara de cenar. Esther, le daba vueltas al pequeño mango del molinillo para triturar los granos del café de contrabando. Cantaba en la radio Manolo Escobar la canción Madrecita María del Carmen, le dijo a su padre. -Tenemos que hablar, papá. Edelmiro, echando picadura en un papel de fumar, le preguntó: -¿De qué quieres hablar, hija? -De sexo. Le pasó la legua al papel, lo lió, y le dijo: -De esas cosas mejor que hables con tu abuela. -Ya quise hablar y cogió la escoba... Es que me asusté al quedarse preñada mi amiga Pili y... Aquellas palabras cambiaban la cosa. Se levantó, fue a la cocina, encendió el pitillo con una brasa, y le dijo: -A ver. ...