-
Esther y su padre, un incesto inevitable
Fecha: 09/06/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... puede quedar preñada. ¿Cómo te quedaste? -Mojada, papá, muy mojada. Edelmiro, echó el último trago de café, y le dijo a su hija: -Aquí se acaba la lección, Esther. Recoge y vete para cama. Esther, sin rechistar, recogió la mesa, le dio un beso en la mejilla a su padre, y le dijo: -Te quiero, papá. -Y yo a ti, hija. Hasta mañana. -Hasta mañana, papá. Ya en su habitación, Esther, se desvistió, se quitó las bragas mojadas y limpio el coño con ellas. El cuerpo se le estremeció, pero cómo no sabía masturbarse, se puso otras bragas y un camisón, se metió en cama y al rato se quedó dormida. Edelmiro se fue para cama una hora más tarde con una buena borrachera de aguardiente. Desde aquella noche, Esther, miró a su padre con otros ojos, con los ojos de una adolescente enamorada. Lo veía cómo a un Adonis. Era el más alto, el más guapo, el mejor... Pensaba en sus besos al acostarse, al levantarse y la mayor parte del día. Edelmiro sabía que su hija sentía algo más que cariño por él. Lo notaba en sus sonrisas, en sus miradas... Una noche, tomando café de nuevo, Esther, Bajó la cabeza, y vergonzosa, le dijo: -Te quiero, papá. Edelmiro la veía venir y mirando al techo, quiso desviar la conversación. -Hay que limpiar las telas de araña o las ocho ojos nos acabaran comiendo cómo si fuéramos moscas. Esther, levantó la cabeza, puso sus manos alrededor de la taza de barro, y le pregunto: -¿Me quieres, papá? -Claro que sí, hija, te quiero ...
... mucho. -¿Me querrías en tu cama? Edelmiro, miró para su hija. Era un cuadro de su madre a esa edad. Le dieron ganas de llorar, pero se contuvo. -No digas tonterías, hija. Esther, mirando a su padre a los ojos, le dijo con dulzura: -Estoy enamorada de ti, papá. Edelmiro se sentía halagado y al mismo tiempo sucio por no querer parar la conversación. -Lo que estás es confusa, Esther. -No, no estoy confusa. Quiero tener un hijo tuyo. Ahora sí que se alarmó. La conversación cogía un camino demasiado peligroso. -¡¿Estás loca?! Esther seguía hablando con voz dulce. -Estoy enamorada, papa. Quiero que estemos juntos para siempre. -¿Qué voy a hacer contigo? A ver, hija, a ver. Juntos vamos a vivir hasta que encuentres al hombre de tu vida. -El hombre de mi vida eres tú. Esther se levantó, fue al lado de su padre y le acarició el cabello. -Yo soy tu padre, cariño. Le cogió el lóbulo de una oreja con dos dedos -Y mi amor. Le dio un beso en la comisura de los labios. A Edelmiro le llegó el olor a jabón de sales de la Toja. No quería, pero por dejarse ir su miembro se le puso duro. -Y todo esto viene porque te dije que los hombres le comen el coño a las mujeres para que se corran. ¿A qué sí? -No, yo te amo desde que me hice mujer. Ya tenía celos de mi madre. ¿Me dejas ver tu miembro? -Te voy a mandar para la casa de tus abuelos cómo sigas por ese camino. Esther, era una ingenua, cómo todas las aldeanas adolescentes de los años ...