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Esther y su padre, un incesto inevitable
Fecha: 09/06/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... 50 del siglo pasado, pero de tonta no tenía nada. Le dijo: -No, no me mandarás. Te hago falta para cuidar a los animales y para trabajar las huertas. -¿Qué voy a hacer contigo? -Déjame ver tu miembro y hazme cosas ahí abajo -¡Oyoyoyoy! Me va a pesar, pero... Vamos a hacer una cosa. Te dejo ver mi polla, pero con una condición. -¿Cuál? -Que de día vivas aquí y de noche duermas en casa de tus abuelos. -¿Y me harás cositas ahí abajo? Ya estoy mojadita. -No, solo te dejo ver cómo es una polla. -Vale, acepto. Edelmiro abrió la bragueta de pantalón y sacó la verga. -¡¡Es cómo un pepino con cabeza!! -Ala, ya la viste. -Deja que la vea más de cerca. Esther, se agachó, le tocó con un dedo en el meato y se salió lleno de aguadilla. -Tú también te mojas, papá -le cogió la polla con una mano y la piel de la cabeza se le fue para abajo-. ¿La leche sale por este agujerito? -le tocó el meato otra vez con otro dedo- ¿Sale? Edelmiro estaba tan cachondo que se echó el alma a la espalda. -Sí, hija, sale, y cómo me sigas tocando va a salir. Esther, quiso saber a qué sabía la aguadilla que salía de la polla de su padre. Pasó la lengua por el glande. -Sabe raro. No sé a qué, pero sabe raro. ¿Sabe así la leche? Esther ya había puesto perro a su padre. -¿Quieres saber cómo sabe la leche? Si quieres saberlo, chupa la polla, hija. No se lo tuvo que decir dos veces. Esther metió el glande en la boca. Edelmiro movió el culo de abajo a ...
... arriba y de arriba a abajo, y en nada comenzó a correrse en la boca de su hija. Esther no sabía mamar, pero sí tragar, y se tragó toda la corrida sin que se derramara una sola gota. Al acabar de tragar, le dijo -Tampoco sé a qué sabe. -¿No sabrá a leche de hombre? -¡A eso sabe! -¿No te sientes mal después de lo que hicimos? -¡¿Mal?! Estoy caliente, caliente, caliente... Tengo la almejita que se me abre y se me cierra, y las bragas, las bragas las tengo encharcaditas. -Necesitas correrte, hija. -Creo que sí, que eso es lo que necesito. Edelmiro se levantó y besó con lengua a su hija. Ester no sabía besar pero le correspondió a su torpe manera... Después se quitó el jersey. Sus tetas quedaron al aire. Eran grandes, redondas, con areolas marrones y pezones grandes, gordos y duros. Se las magreó, chupó y lamió. Esther no paraba de gemir, parecía que se iba a correr solo con trabajarle las tetas. Edelmiro, minutos más tarde, le quitó la falda y después las bragas encharcadas, tal y como le dijera. Al lamerle el coño, se estremeció. Bastaron una decena de lametadas, para que todo el cuerpo de Esther comenzase a temblar, y se corrió, se corrió como unas de esas chicas de manga o de anime... Su coño parecía una cascada echando jugos, y cómo la lengua de su padre no daba abasto para tragar lamiendo cómo un perro, cantidad de jugos le bajaron por el interior de los muslos. Al acabar de correrse, besó a su padre, y le dijo: -Te quiero, te quiero, te quiero, ...