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Horacio, el mejor amigo de papá
Fecha: 10/06/2022, Categorías: Gays Autor: zumurrud, Fuente: CuentoRelatos
... roja. Hicimos juntos en su camioneta la típica vuelta al predio, a muy baja velocidad, logrando ver con precisión a cada una de las “chicas” de la zona, todas ellas con diminutas prendas de vestir. “Te gusta”, me indagó Horacio, mientras apoyó su mano derecha sobre mi pierna izquierda, comenzando a acariciarme. Habíamos completado una vuelta cuando me pregunto si yo me vestía igual que ellas, si podría llegar a ser tan puta como ellas, y si era bancadora de pijas como esas chicas. La situación subía de temperatura, y me agradaba, a pesar de que dudaba de hacer algo. Era el mejor amigo de papá. La culpa y la vergüenza me carcomían. Pero el hecho de ser tan puta me ayuda a tomar decisiones rápido, priorizando siempre la verga de un macho por sobre toda otra cosa. Horacio dobló en una de las pequeñas calles internas de la zona roja, dirigiéndose a un lugar un poco más alejado de las luces, para poder estacionar y apagar el motor de la camioneta. En ese momento sí que me morí de miedo. Yo no quería hacer nada por varios motivos. Primero y principal porque era Horacio, el mejor amigo de papá, el tipo que iba cada 15 días a cenar a casa, la ex pareja de Gabriela, esa mujer que tanto yo admiraba y deseaba ser. Además, en el caso de hacer algo, no podía perder de vista que después de ahí, me tenía que ir a la casa de Fernando, mi macho que me iba a estar esperando en su departamento como habíamos quedado. Sin mediar palabras, Horacio se bajó de la ...
... camioneta y se subió nuevamente, pero esta vez, al asiento trasero. Miré por sobre mi hombro izquierdo, como intentando entender cual iba a ser el siguiente paso. “No me vas a acompañar?”, me preguntó, mientras comenzó a desabrochar su pantalón, y bajárselo hasta sus rodillas, mientras abría sus piernas sentado en el medio del asiento trasero de la camioneta. Por encima de su bóxer se frotaba la chota, la que ya para ese momento estaba algo más que gomosa, pero en ningún momento me la exhibió, como desafiándome a que si la quería ver en plenitud, debía ir al asiento trasero. Les va a sonar tonto, pero no quise bajarme de la camioneta por miedo a que me vea alguien, no se quien, pero no quería que me vea nadie, por más que no hubiese gente conocida en la zona en ese preciso momento. Entonces, pasé entre las butacas delanteras hacia atrás, donde estaba Horacio para sostenerme con sus fuertes brazos recibiéndome. Me senté a su lado, y con una vos muy baja, casi entrecortada, le dije que sólo quería ver, tocarlo, no más. Su respuesta me derritió: “Si bebé, la vas a ver, y vas a desear tocarla”. Aprovechó ese momento para bajar totalmente sus pantalones hasta sus tobillos, abrir más aún sus piernas como relajándose y poniéndose más cómodo, para finalmente poner sus manos por detrás de su nunca, y pedirme a mí que continúe. Esa indicación implícita la acepté con gusto, y sin demorarme más que un segundo, hizo lo que tanto estaba deseando, que era descubrir ese pedazo ...