-
Un viaje en el metrobus
Fecha: 16/06/2022, Categorías: Gays Autor: AlbertoS, Fuente: CuentoRelatos
Primero que nada, me quiero presentar, me llamo Alberto. Vivo en la CDMX y quería contarles algunas de las historias que he vivido a lo largo de estos años, esperando que encuentren mis experiencias tan excitantes como lo fueron para mí cuando las viví. En este primer relato les quiero contar de una de mis primeras experiencias cuando era más joven, hace unos 10 años, más o menos. En aquel entonces tendría apenas unos 20 y pocos años, no más de 23. Yo trabajaba de oficinista al sur de la ciudad, y me sucedió en un día como cualquier otro, sin que lo pensara o me lo propusiera. Me levante temprano, fui a oficinas y al final del día, como cientos de personas, me dirigí al transporte público pensando solo en regresar a casa a descansar. Con lo que no contaba es que ese día el transporte estaría más atascado que de costumbre. Tan solo al entrar a la estación y ver el mar de gente que estaba abarrotando los andenes, me di cuenta que sería un viaje muy pesado. Así pues, como el resto, entre empujones y empujones, logre acercarme hasta la entrada del próximo autobús, conocido en nuestra ciudad como metrobús. Como muchos otros, cuando se abrió la puerta para abordar, me metí más a la fuerza que con educación y ya me sentía bastante mal humorado, por lo que no me di cuenta al principio de que tan apretados estábamos unos contra otros en la sección de hombres. Y tampoco me di cuenta de que uno de ellos estaba pegado a mí, con su bulto del pantalón pegado a mi cadera por el ...
... lado derecho. Fue hasta que el metrobus cerró sus puertas y comenzó a avanzar que me di cuenta del bulto que podía sentirse a través de la tela del pantalón. Creí que era accidental, ingenuo de mí, y como no sabía como reaccionar, me congele por completo, pensando que en cuanto se moviera la gente y hubiera más espacio se quitaría de mi lado. No fue así. Llegamos a la siguiente estación, y luego a otra y el hombre a mi lado seguía con su bulto pegado a mi. Sin saber como reaccionar, y rígido como piedra, fue hasta como la tercera o cuarta estación que por fin hubo la oportunidad de movernos. Otro pasajero de mi otro lado nos pidió permiso para poder bajar y al hacerlo supuse que por fin se alejaría de mí el señor cuyo bulto sentía a mi lado. En cierta forma tuve razón. Se movió para que el otro pasajero pudiera acercarse a la salida del metrobus, pero no fue para alejarse, sino para acomodarse atrás de mí. Sin saberlo, el quedarme quieto lo había interpretado como una invitación para seguir tocándome, y ahora se estaba atreviendo a dar el siguiente paso, y ahora su bulto estaba justamente atrás de mí, en medio de mis caderas. Yo ya sabía que era gay, y no era mi primera vez, pero aun no conocía lo suficiente del mundo del cruising para saber cómo reaccionar, los códigos y el sutil mundo del ligue, aun ahora me siento torpe, por lo que de nueva cuenta estaba congelado. Excitado, pero petrificado. ¿Y si un policía nos atrapaba en pleno acto? ¿Y si otro pasajero se daba ...