1. Mario. El hijo de mi amigo


    Fecha: 03/07/2022, Categorías: Gays Autor: Alejandro1987, Fuente: CuentoRelatos

    ... intención.
    
    –Pa'eso y para todo lo demás que se te ocurra. Acuérdate que tu hoy me vas a pedir el agua por señas.
    
    –Como te gusta alardear. Desde chiquito haces lo mismo.
    
    –Dale, vamos a bañarnos juntos –se saca la camisa y se afloja el cinturón y resbalan los jeans a la alfombra, se quita también los calzoncillos y cuando se yergue el espectáculo es maravilloso. Me desvisto rápido y lo acompaño a la ducha. Me toma por la cintura y siento que resbala la mano a una nalga.
    
    –Desde que llegaste me estás provocando y yo no soy hombre que necesite tanta estimulación. Estás como una perra, loca porque te parta el culo. Siempre me miraste lujurioso y te voy a dar una singá como no te la han dado nunca –se lleva la mano a la boca y se la escupe para después meterme el dedo grande por el culo.
    
    –Ahh Mayito, Pipo, qué rico –entramos a la ducha y ya debajo de la regadera nos mojamos, el agua está fría, muy sabrosa. Él toma el jabón y comienza enjabonándome la espalda, sigue bajando y llega a las nalgas y las manosea y las enjabona también.
    
    –¿Tengo que tirar el jabón al piso para que lo recojas o tu solito te vas a agachar para poder clavártela? –me agaché y me dispuse a recibir dentro de mí aquella hermosa trancona. Por la ensartada que me dio deduzco que hacía tiempo que vivía a paja limpia. También porque de unas pocas culeadas se vino dándome unas estocadas majestuosas. Parecía que me quería taladrar. Me besaba lujurioso el cuello y las orejas mientras iban disminuyendo las contracciones de su orgasmo. Sacó de mi culo aquella verga que todavía seguía sin disminuir la erección. Tomó mi rabo y lo acarició, se lo metió en la boca y en unos segundos estaba yo regando leche como una vaca lechera.
    
    –Vamos a descansar un ratico en la cama y después nos vamos a almorzar y cuando volvamos, volveremos con más. Que esto no se acaba hasta que se acaba.
    
    Ya eso se los contaré en otro relato de mi encuentro con Mayito.
«123»