-
Despechada
Fecha: 16/07/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Thotem, Fuente: CuentoRelatos
... levantarme, al intentarlo ya tuve la polla a la altura de mi cara. Intenté decir algo pero la polla ya estaba en mi garganta. Me tenía atenazada la nuca, literalmente me follaba la boca. No podía ni respirar, oía el tintineo de sus collares y pulseras. Paro un momento y por fin pude tener una bocanada de aire, pero no dio tregua, otra vez me la metió en la boca. — Intenta tragártela toda, puta. Mis ojos estaban llorosos, me venían arcadas, babeaba. Por fin me soltó. Me levantó y me llevo sobre una mesa, me abrió las piernas en tijeras y me bombeo hasta correrse. Lo hizo dentro de mi vagina, después vino el camarero y se pajeo encima de mi cara hasta venirse y dejarme la cara embadurnada. — La hijaputa se ha corrido también — dijo el chico. — Venía a por rabo y lo ha tenido — contesto el camarero. Me arregle un poco el vestido, el camarero ya me había levantado la persiana y me fui a escape. A la mañana siguiente no me reconocía, había sido un impulso alocado. Y la verdad es que en cierta medida lo disfruté, y sí, me había corrido en esa escena de ópera bufa, parecía irreal. Pasaron unas semanas y me sentía sola, aún no habíamos informado de nuestra situación a los chicos. Decidí salir una vez más, sentía ansias de novedades, por una parte me atemorizaba y por otra me sentía atraída, como una adicción. Aproveche para darme una vuelta por la costa, aun no siendo verano ya empezaba a hacer calor. Me aloje en un pequeño hotel, salí por la noche, esta vez con ...
... un vestido de estampados florales, también por encima de la rodilla y un generoso escote, y esta vez no solo desbragada, sino que también sin sujetador. Recale en un local fiestero con motivos florales y baile para turistas donde corría la sangría a precio asequible. No estaba el ambiente muy concurrido, empecé a beber sangría. Me sentí observada por alguna gente. En especial por un macarrónico individuo, era alto de movimientos desgarbados, mulato de piel; usaba pendientes en ambas orejas, pantalón vaquero estrecho que le marcaba paquete, deportivas rojas estridentes y camiseta blanca sin mangas de gimnasio. Era fuertote de cara poco agraciada, rapado, de nariz aguileña y ojos pequeños muy juntos. Me miraba de forma escrutadora. Hice que se me cayera el bolso y me agache de forma que se pudieran ver mis muslos. En ese mismo momento su mirada se hizo más radioactiva a través de esos pequeños ojos, vino hacía mi a paso largo patoso. Se presentó como Salimbo, llegado no hacía mucho, fiel defensor de los derechos humanos – de hecho era un sin papeles — del futbol y el culto al cuerpo mediante sesiones de pesas rematadas con flexiones. Rodeo mi cintura con su brazo y me invitó a beber sangría como quien no quiere la cosa. Me pidió dar un pequeño paseo por la playa al mismo tiempo que se agarraba su abultado paquete. Bajamos hasta el malecón. No tardo en tocarme el culo mientras me morreaba; saco mis pechos. Se desabrocho la bragueta y sus pantalones quedaron en sus tobillos. Me ...