1. La vi crecer (Capítulo 4)


    Fecha: 23/07/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... protagonista.
    
    Pasamos la noche bromeando y bebiendo. Lelu se había puesto el perfume importado de su madre. En mi hijastra la fragancia se sentía más deliciosa. Vestía una calza negra y una remera gris. Demasiado recatada por tratarse de ella.
    
    Cuando terminó la película abrimos la segunda botella.
    
    —Voy a decirte algo, aprovechando ahora que estoy medio borracha —dijo Lelu.
    
    Sus pómulos estaban colorados, y en su rostro se dibujó una sonrisa pícara y una tanto avergonzada.
    
    —¿Me tengo que preocupar? —dije yo, atajándome.
    
    —No sé, yo sólo te digo que últimamente vos y mamá hacen demasiado ruido a la mañana.
    
    Me dio vergüenza el comentario. Tomé un trago largo de vino.
    
    —Lo bueno es que se están llevando mejor. —Agregó ella.
    
    —No te creas —contesté—. No todo lo que brilla es oro.
    
    —¿Entonces es un último manotazo de ahogado? Dicen que la vela arde con más potencia cuando está a punto de apagarse—La miré, con asombro. —No pensarás que soy tan estúpida como para no darme cuenta de que hace rato ya no son la pareja que eran —dijo ella—. Pero bueno… —resopló— en fin, tenía una pequeña esperanza, pero supongo que siempre es mejor soltar.
    
    —Lo que me va a resultar muy difícil es no verte todos los días. —Largué, sin pensarlo—. Estoy demasiado acostumbrado a vos.
    
    —Podés verme cuando quieras, tonto. Y… ¿Ya hablaste con ella?
    
    —Me gustaría que primero pase la cuarentena. —Confesé.
    
    —Que paciencia… —dijo. Luego me miró con algo de lástima y me ...
    ... preguntó—: Tiene a otro ¿cierto?
    
    —Digamos que hay un noventa y nueve por ciento de probabilidades de que así sea.
    
    —Qué perra tramposa. —Se indignó Lelu.
    
    —No hables así de tu madre.
    
    —Ay, sos tan tonto como bueno.
    
    Lelu me abrazó. Yo le retribuí, aferrándome a su cintura de avispa. Me dio un beso en la mejilla. Nuestras miradas se encontraron. Miré sus labios carnosos. Estaban a unos centímetros de los míos, al igual que la otra vez cuando le había robado un beso cuando cayó rendida al sueño. Sólo que ahora sus ojos estaban bien abiertos. Sentí que su respiración se tornaba agitada.
    
    La besé. Sus labios sabían a uva y alcohol. La abracé. Metí la lengua y masajeé la suya. Mis manos se deslizaron lentamente por sus caderas.
    
    Lelu se apartó. Se puso de pie, dispuesta a irse. La agarré de la muñeca, con la misma vehemencia con que últimamente poseo a su madre. La atraje hacia mí. Lelu me dio un tortazo con el que me dio vuelta la cara.
    
    Se fue corriendo a su cuarto.
    
    —¡Luciana! —grité.
    
    La seguí hasta su cuarto. Poco me faltó para entrar y poseerla por la fuerza, pero la sensatez hizo una inesperada y oportuna aparición. Me quedé detrás de la puerta.
    
    —Lelu, hablemos por favor.
    
    No dijo nada. Esperé unos minutos y la dejé en paz.
    
    Bajé a ordenar el living donde habíamos cenado. Estuve tan cerca, pensaba para mí. Sin embargo, no dejaba de ser una victoria. El beso duró apenas unos instantes, pero fue un tiempo demasiado extenso si se tiene en cuenta que ella ...
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