1. Un yerno egipcio


    Fecha: 27/07/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... los kilos que tengo de más no te gustaría. - le dice ella también sonriéndole con coquetería.
    
    - Tiene que saber que a los hombres de allá, de Egipto, le gustan las señoras un poco rellenitas, y yo no soy una excepción.
    
    - Así, ¿Yo también te gusto?
    
    - Muchísimo querida suegra, la encuentro muy apetitosa.
    
    - Y si te lo pido, ¿Me enseñarías a nadar? Es que sé muy poco.
    
    - Suegra, sus deseos son órdenes para mí, a más que será un placer.
    
    Ya dentro del agua y con un nivel hasta los hombros aquel atractivo yerno de pelo en pecho la puso en horizonte y con una mano bajo su vientre y la otra en medio de sus piernas para poder sujetarla en el agua. El contacto con aquella parte hizo que el yerno se le pusiera el miembro más erecto que el palo de una bandera.
    
    Poco tardo en que la boca y la nariz se le llenase de agua salada y revolviéndose se abrazó al pecho de este. Poco a poco fue recuperándose.
    
    - Casi me ahogo, yerno. No sé si lograre aprender, tengo miedo.
    
    - ¿Volvemos a probarlo?
    
    - No, no, dejémoslo para más tarde.
    
    Durante unos segundos, continuo atragantada contra el pecho de este.
    
    Cogiéndola del brazo la acompaño a la orilla, tumbándose encima de la esterilla. El yerno hizo lo mismo a su lado.
    
    - Me ha gustado mucho tenerla en los brazos querida suegra.
    
    - A mí también. - le dijo ella sonriéndole ya recuperada.
    
    - Lo que sique he notado al apoyarme en tu pecho es que por abajo tenías una cosa muy dura, no será que estés herniado querido ...
    ... yerno.
    
    - De eso nada, suegra, pero al poner mi mano entre sus piernas se me ha puesto la cosa como un hueso de caballo.
    
    - No podía imaginar que a mi edad despertase estas pasiones, yerno, en este caso tendremos que volver a entrar en el agua para que me enseñes a nadar. - le dijo ella con sonrisa pícara.
    
    - Lo haré gustosamente, suegra… Pero esta vez no respondo de mí.
    
    - No dejarás que me ahogue. - le dijo ella riendo abiertamente.
    
    Esta vez el yerno, no se anduvo con tantas contemplaciones, y poniendo su mano izquierda en el vientre de ella, la derecha la puso en el mismo centro de sus piernas con la palma hacia abajo entrando en contacto con su húmeda cuevecita que daba la impresión de estar esperándola. Con la prueba dio resultado, la inquieta suegra empezó a mover sus brazos y piernas como si ya quisiese mantenerse a flote. Pero el yerno no la dejo que volviese a beber agua salada como la vez anterior. La siguió manteniendo a flote hasta que aprendiese. La mano que tenía en medio de sus piernas no la apartó, más bien la apretó más sobre aquel escondido bosque que todo y estando cubierto por el bañador lo sentía latir por su mano. Esta vez y al dejar que ella pusiese sus pies en el suelo recobrando la verticalidad y sin intercambiar palabra, ella puso sus brazos alrededor del cuello de aquel fogoso yerno y lo besó en la boca con toda su pasión, sus lenguas se engarzaron lujuriosas, mientras la mano del yerno se sumergió en el agua en busca de aquel tupido bosque ...