1. Incestos con la madre y la hija


    Fecha: 27/07/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Mi amigo Berto aún era virgen. Tenía una tía que era la fuente de su inspiración. Se llamaba Genoveva, tenía una hija y estaba casada con un guardia municipal. Genoveva era muy guapa, tenía 38 años y era alta y morena. Sus tetas eran fenomenales, sus caderas anchas y su culo gordo. Era una delicia de mujer.
    
    Berto después de hacernos una manola en el monte me contó la historia de sexo que estaba teniendo con su prima y con su tía. La contaré cómo si yo fuera él.
    
    Una tarde que llegaba a casa oí desde la puerta a mi madre hablar del color amarillo que dejaba yo en las sábanas, a lo que Genoveva contestó hablando del color amarillo de su hija en las bragas y de añadir que se mataba a peras. Cuando oí lo de las peras de mi prima Carmiña me empalmé y tuve que ir al monte a machacarla.
    
    El caso fue que dejé de tener fijación por mi tía y las pajas comenzaron a caer a la salud de la carita de ángel, sí, Carmiña tenía carita de ángel, un ángel con boquita de piñón, ojos azules cómo el cielo, de cabello negro largo y rizado, flaca, con tetas pequeñas, cinturita y culo redondo. Era la típica muchacha que la veías y pensabas que nunca rompiera un plato.
    
    Al estar su casa a escasos diez metros de la mía tenía mucho roce con ella, o sea, que además de primos éramos amigos.
    
    Tres días después de oír lo del amarillo de las sábanas y lo de que se mataba a peras, o sea, nueve pajas después. Lavaba ella ropa en un río apartado y le hacía yo compañía sentado sobre la hierba, ...
    ... cuando me preguntó:
    
    -¿Qué me ocultas, Quique?
    
    -Nada.
    
    Frotando en una camisa el taco de jabón, me dijo:
    
    -Lo que nada no va al fondo.
    
    -Y al que madruga lo madrugan.
    
    -No te vayas por los cerros de Úbeda.
    
    -Mejor eso que enfadarte.
    
    Cogió un pantalón y lo restregó con las dos manos sobre la tabla de lavar. Sus tetas y su culo se movían de atrás hacia delante y de delante hacia atrás cuando me dijo:
    
    -Nos conocemos hace muchos años, sabes que no me pelearía contigo. ¿Qué es eso que me quieres decir que no te atreves?
    
    -¿Por qué sabes qué te quiero decir algo?
    
    -Porque me miras de un modo que nunca antes me habías mirado.
    
    Metió el pantalón en el río lo lavó bien y cuando lo retorcía para escurrirlo, le dije:
    
    -Si te lo digo vamos a dejar de llevarnos bien.
    
    Echó el pantalón en un barreño, se secó las manos a su falda azul, falda que le daba por debajo de las rodillas, arregló su largo cabello, negro, me miró y me urgió a contarle que me pasaba con ella.
    
    -Suéltalo ya.
    
    Se lo solté de un tirón.
    
    -Me enteré de que te masturbas.
    
    -Habla claro.
    
    -Me enteré de que te matas a peras.
    
    -Sí, y para hacerlas echo en los dedos champú de huevo.
    
    Su respuesta me dejó boquiabierto.
    
    -¡¿De verdad?!
    
    -No, pero la contestación venía a huevo.
    
    -O sea, que no.
    
    -¿Aunque así fuera te crees que te lo iba a decir?
    
    -Supongo que no.
    
    Dejó de lavar y me miró con una seriedad que jamás había visto en su rostro.
    
    -¡¿Quién te dijo que me mataba a ...
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