1. Incestos con la madre y la hija


    Fecha: 27/07/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... otra habitación. Salté por la ventana y después la cerré. Me desnudé y en la oscuridad oí el sonido de una respiración que venía de la cama. Mi prima se estaba haciendo la dormida.
    
    Todo iba cómo lo planeáramos. Me metí en la cama emocionado y con un empalme brutal. La besé en el cuello y se armó la gorda... Una mano me agarró del cuello con fuerza. Se encendió la luz y vi a mi tía sujetando con la otra mano la sábana que la cubría. Tenía una cara de mala hostia que de verla pillé un acojone que me temblaron hasta las cejas. Sin levantar la voz, me preguntó:
    
    -¡¿Cuánto tiempo llevas jodiendo con mi hija, desgraciado?!
    
    Aflojó para que pudiera contestar.
    
    -No sé lo que le dijo Carmiña...
    
    -No me dijo nada, pero ya me lo dirá cuando vuelva de la casa de tu abuela. ¿Cuánto tiempo lleváis liados?
    
    -Desde esta tarde.
    
    -¿Qué hicisteis esta tarde?
    
    Mentí cómo un bellaco.
    
    -Solo le comí el coño.
    
    -¡¿Cómo?!
    
    -Pues lamiéndolo hasta que se corrió.
    
    Se seguían oyendo aquellos ronquidos infernales.
    
    -No te creo, una mujer no se corre así. ¿Qué le hiciste?
    
    -Bueno, también le comí las tetas y nos besamos.
    
    -Sigo sin creerte.
    
    -Hay una manera de que me creas.
    
    No era tonta, la pilló por el aire.
    
    -Hay, pero tu vas a salir de aquí cagando leches y mañana ya hablaré con tu madre.
    
    Me hice el remolón.
    
    -Mujer, ya que estamos podíamos echar un polvo, quien dice uno, dice siete u ocho.
    
    Genoveva me miró para la polla. Los dieciocho centímetros de una ...
    ... polla gordita y el estar a solas en la habitación no hicieron mella en ella.
    
    -Vístete y lárgate de aquí antes de que te meta una hostia y te arranque la cabeza.
    
    La destapé arriesgándome a que me diera lo que me había ofrecido. Estaba desnuda. Aquello no era una mujer era una diosa. Sus enormes tetas tenían unas areolas marrones más grandes que mi boca abierta y sus pezones eran tan grandes y gordos que si me cornea con ellos me deja tuerto, y su coño. ¡Ay su coño! Tenía tanto pelo que parecía un campo de trigo teñido de negro. Le dije:
    
    -Joooder qué buena estás, tía.
    
    Genoveva se volvió a tapar, y me dijo:
    
    -Una hostia lleva grabado tu nombre.
    
    Cómo amenazaba y no me caía la hostia me vine arriba. Le eché la mano al coño y le robé un beso. Me empujó sin fuerza.
    
    -¿Quieres morir esta noche, Quique?
    
    -Sí, de gusto entre tus brazos.
    
    Metí la mano bajó la sábana y al tocar su coño vi que estaba muy mojada. Visiblemente nerviosa y sin retirar mi mano de su coño, en el que ya entraran dos dedos, abriendo las piernas, me dijo:
    
    -Vete, diablo, vete que me vas a meter en un compromiso.
    
    Masturbando su coño, le supliqué:
    
    -Un polvo, aunque uno solo sea.
    
    Me volvió a echar la mano al cuello y apretó. Por un momento creí que la palmaba y con los nervios mis dedos le follaron el coño a mil por hora. Soltó mi cuello y me dio mi primer beso con lengua, un beso de los que jamás se olvidan, ya que tenía lengua de vaca y llenó con ella mi boca. El beso me supo a ...
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