1. Aquel verano del 96 (La limpiadora. Relatado por ella)


    Fecha: 29/07/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Hansberville, Fuente: CuentoRelatos

    Hoy mi marido cumple 75 años, 2 más que yo, llevamos 42 felizmente casados. Nos hemos querido, tenemos 2 hijos. Hemos sido un matrimonio feliz y bien avenido. Hemos sido la envidia de muchas parejas amigas. Nunca hemos sufrido una crisis por infidelidad aunque en estos momentos, en que mi marido hace un brindis por la vida tan feliz que hemos tenido, no puedo dejar de recordar aquel verano del 96.
    
    Llevaba varios años trabajando como gobernanta de limpiadoras en una inmobiliaria. Entre junio y agosto, los turistas alquilaban los pisos de aquella empresa inmobiliaria. Mi misión era organizar el equipo de limpiadoras para que los pisos estuvieses limpios cuando entrasen los inquilinos. En 1995 entró a trabajar un joven como chico de los recados. El chaval, de 21 años, hacía de todo. Desde recepción clientes hasta funciones administrativas, pasando por recados de todo tipo.
    
    Yo, entonces, llevaba casada con mi marido alrededor de 18 años, era madre de dos hijos adolescentes y la rutina hacía tiempo que lo inundaba todo en nuestra relación de pareja. Pedro, mi marido, había empezado el declive físico que marca la cincuentena. La alopecia se había apoderado de su coronilla y la grasa de su barriga. Le quería, pero hacía tiempo que la atracción física se había esfumado. Por eso la aparición de aquel joven con un físico definido por el entrenamiento de su equipo de baloncesto, su belleza juvenil y su personalidad fueron una bocanada de aire fresco.
    
    Desde que le conocí ...
    ... comencé a fantasear con él. Me masturbaba pensando que era él quien me tocaba. Incluso cuando lo hacía con mi marido, prefería hacerlo con la luz apagada para poder imaginar que me follaba Alejandro, el chico de la inmobiliaria. Pero fue en el segundo año cuando nuestra relación se estrechó más. Yo empecé a mirarle el culo, redondo y duro, y hacía bromas sobre su físico que él no dudaba en seguir. Todo esto fue provocando una tensión sexual entre nosotros que hacía que yo estuviera todo el día caliente. Incluso cada día deseaba ir a la oficina solo por ver a aquel niñato que me tenía muy burra.
    
    Fue en la segunda quincena de julio cuando todo se precipitó. A día de hoy todavía no comprendo como tuve el valor de provocar aquella situación y lanzarme a por un niño que bien podía ser mi hijo, De hecho, Alejandro tenía 22 años y mis hijos contaban con 17 y 15. Pero aquella situación me tenía totalmente excitada. Así, una tarde le propuse que me ayudara a colgar una cortina en uno de los apartamentos.
    
    Reconozco que aquello fue una encerrona. En un estrecho hueco junto a una cama de matrimonio coloqué una silla y le dije a Alejandro que me ayudase a subirme. Luego tendría que sujetarme para evitar que cayera. Me subí lentamente y muy cerca del chico. Hice pasar todo mi cuerpo por delante de la cara de él. Sabía que mis grandes tetas eran objeto del deseo de aquel joven. Alguna vez había bromeado sobre eso.
    
    Durante minutos estuve subida a la silla manipulando el cortinero. ...
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