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Resultó ser prostituta
Fecha: 01/08/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: subtitulados, Fuente: CuentoRelatos
... colaboraba pues de vez en cuando apretaba su vulva para atrapar mi pene, cada vez que hacía eso, ¡se levantaba con la intención de tenerme dentro y no dejarme salir! Se volvía a acostar, y la seguía penetrando cada vez con más fuerza, el sonido de mis muslos chocando con sus nalgas parecían aplausos a un polvo tan bueno que nos estábamos metiendo. L: ¡Aprietas riquísimo nena!! A: ¡Dámela, agh, uhm, si, así, agh!! Terminamos esa posición y se dio vuelta, lista para recibirme otra vez, en esta oportunidad la penetración fue más calmada, veía en su rostro unas lágrimas, no sé si de dolor o de placer, ¡pero no tenía escrúpulos para detenerme! Levanté sus piernas sobre mis hombros, la fuerza con la que entré en su vientre la hizo desprender un grito de dolor, fue tan profunda que el dolor lo sintió a la altura del estómago y no me quedo más que sacarla porque no lo podía soportar. Esta vez me pidió que me echara, lo hice en la misma posición cuando empezó a chupármela y fue ella la que se sentó sobre mí. L: ¿Te lastimé? A: ¡Es que no sabes cómo me ha ido en la semana! L: Tranquila, ¡ahora hazme lo que gustes! A: ¡Eso haré! Era la primera vez en la tarde que ella tomaría la batuta en la faena, sus movimientos eran coordinados, las caderas en forma circular, las piernas de arriba hacia abajo, y yo de vez en cuando cogiéndola de la cadera con la intención de detenerla y meterla una embestida que la haga acordarse de que el que estaba debajo no era uno ...
... más, sino el compañero de trabajo que la estaba haciendo gozar. Sus movimientos eran cada vez más rápidos, lo que estaba acelerando mi proceso de excitación, no quería aun eyacular, la saqué de donde estaba, la tumbé nuevamente en la cama pues allí debía estar ella, si la dejaba tomar el control pensaría que era uno más en su lista de conquistas, pero no quería que fuera así. La penetré nuevamente, le hice poner sus piernas alrededor de mi espalda, y con un poco de esfuerzo la levanté, la tenía ahora pegada a mí, unida con brazos y piernas a manera de gancho, yo la cogía de las nalgas para mantenerla así, la penetración de esa forma era más profunda, el dolor y placer que le causaba eran cada vez más notorios lo que no impidió que ella terminara en un satisfactorio y prolongado orgasmo. A: ¡Agh, papi, me duele, pero sigue, ay mi vientre uf! L: ¡Uf, si, goza chiquita, goza!! Yo aún tenía fuerzas y vitalidad para continuar, ¡seguir dándole por la vagina sería repetitivo así que opté por su otro orificio! Su ano se notaba que había recibido muchas pingas en esa semana e historia, era un ano ajetreado, se abría fácilmente a la penetración, pero como ella dijo, ¡la mía era la verga más rica que se había comido! Humedecí su ano con la humedad de su vagina, la fui untando como también a mi verga, puse la cabeza a la altura de su orificio con la certeza de que entraría sin problemas, y la empujé con fuerza con la intención de que le duela, no para hacerle daño, ...