-
La historia de Ángel, solo era un muchacho (52/59)
Fecha: 22/08/2022, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos
... Alberto, que te hace tanta compañía. -Sí, es un buen amigo, siempre que puede está aquí para ayudarme. -el enfermo me miró y no reía para no gastar sus fuerzas. -Me gusta ese chico para ti, él te cuidará, y estoy seguro de que a ti también te agrada, si dices que no es así, te engañas a ti mismo. -como casi siempre, sabía que decía la verdad y estaba en lo cierto. Las cosas no cambiaron después de esa conversación, y no volvió a levantarse, más que para ir al baño o para que le asearan, le mantenía con nosotros su inquebrantable amor a la vida y su tesón para la lucha. Como Eduardo había dicho, ya estaba muy seguro de que amaba a Alberto y podía jurar que a él le sucedía lo mismo, peo ninguno nos decidíamos a dar el primer paso y no pasábamos de ser los mejores amigos que alguien pudiera tener. -¿Me había olvidado de Álvaro, de Pablo? No, no y no. Nunca lograría arrancarlos de mi mente, pero había otra persona en la no dejaba de pensar en cada momento, diferente a mis dos antiguos amantes, muy distinto y mejor para mi. Dos días más tarde, después de haberme acompañado a la facultad para conocer mis notas, recibí su llamada, ya estaba hasta enojado con él, eso no era su costumbre e iba a llamarle yo. -Tenemos una celebración pendiente, ¿o ya no te cuerdas? -su voz sonaba con la misma alegría de siempre. -Lo único que tengo seguro es que llevas dos días sin llamarme. -Vale, ¡perdón, perdón! No te enfades, he estado preparando la fiesta y eso lleva ...
... su tiempo. -mi enfado se lo tomaba a risa y no le preocupaba. -No necesito una fiesta, te necesito a ti… -me detuve inmediatamente al darme cuenta de lo que terminaba de salir de mi boca. -Repítelo. -¿El qué? -Lo que acabas de decir, vuelve a repetirlo. -Es una forma de hablar. -Pues quiero escucharlo otra vez, o mejor, mil veces. -No digas tonterías Alberto. -De acuerdo no insisto, pero te recojo a la tarde. Corté la comunicación y me tiré sobre la cama con el corazón galopando como un caballo desbocado. Una conversación de dos minutos conseguía que temblara y que el temor al futuro me estremeciera. Amaba a Alberto, se había convertido en una necesidad para mi, su compañía, su presencia me eran tan necesarias como respirar, y todo eso se había ido produciendo, gestando lentamente a lo largo de casi dos años sin pretenderlo, sin forzarlo, había surgido de la nada. Ahora tenía miedo a enfrentar mi pasado, a lo que él pudiera pensar de todo lo que había sido mi vida anterior, había sido un puto de lujo hasta hacía escasos meses, innumerables importantes hombres de la ciudad me habían tomado, era cierto que Oriol había pasado por mi misma situación y David lo había aceptado, pero yo no era Oriol ni él era su amigo David. Cuando Alberto llegó a buscarme estaba en la habitación de Eduardo, sentado a su lado leyéndole un libro que no terminaba nunca, y desde hacía más de una hora vestido y preparado para su llegada. “Resulta humillante, por no ...